Muchísimo antes que las ballenas, delfínes, o tiburones dominaran las aguas del mundo, unas criaturas fascinantes como misteriosas, ocupaban los nichos ecológicos, hablamos sin embargo no de peces o los más modernos y modestos mamíferos marinos (como son por ejemplo las ballenas), nos referimos a reptiles, sí reptiles marinos que dominaron los mares de la Era Mesozoica.
Desde al menos el Triásico Temprano hasta el Cretácico Tardío. Es decir, desde mucho antes que los propios dinosaurios. Surgieron pues hace unos 250 millones de años, al principio del Triásico bien poco después de la gran extinción del final del Pérmico, mejor conocida como "la Gran Mortandad", siendo este en su haber el evento de extinción masiva más grande en la historia de nuestro planeta.
Como mencionabamos no eran dinosaurios, sino un grupo de aparte de reptiles completamente adaptados a la vida en el océano, las caracteristicas más notables de la criatura marina eran: cuerpos muy parecidos al de los delfínes o tiburones actuales, con su forma hidrodinámica, aletas y una gran cola vertical, respiraban aire como todo reptiles por lo que tenían que subir a la superficie, eran vivíparos, es decir, daban a luz a crías vivas dentro del agua, en el que por ejemplo se conservan fósiles muy impresionantes de hembras con embriones dentro, una de las más peculiares tenían ojos enormes (algunas especies de los más grandes del reino animal), lo que sugiere que cazaban en aguas profundas de muy poca luz.
Se alimentaba principalmente de peces, calamares, etc.
Los nuevos hallazgos. Una nueva investigación procedentes desde la Universidad de Oslo sugiere que las cajas torácicas de estos animales podrían haber cumplido una función que las costillas de las ballenas modernas no cumplen: servir como lastre para ayudarles a bucear.
Estos hallazgos han sido publicados en la revista PeerJ. Según la investigación, por parte de su autora principal, la Dra. Lene Liebe Delsett "En ambos grupos, el esqueleto sufrió modificaciones extremas en comparación con sus ancestros terrestres y, en consecuencia, estos grupos son importantes para comprender la evolución convergente de las adaptaciones secundariamente acuáticas"."Investigamos los datos fisiológicos registrados en la microestructura de las costillas y las gastralias para responder a dos preguntas", añaden.
"En primer lugar, ¿tenían los ictiosaurios una tasa de crecimiento alta y constante?".
"En segundo lugar, dado que los cetáceos suelen considerarse los análogos modernos de los ictiosaurios, ¿convergen su microanatomía costal y su histología?", continúa.
En el mismo los autores examinaron la microestructura interna de las costillas de ejemplares de Ictiosaurios preservados, allí fueron comparados con las costillas de dos cetáceos dentados vivos, la beluga y la marsopa común. Pese al parecido externo de todos los especimenes, se encontró una diferencia clave: determinaron que las costillas de los Ichthyosauria eran mucho más densas y compactas que las de las belugas y marsopas. Estas especies por el contrario poseían una estructura interna más abierta como esponjosa.
"Los esqueletos de los ictiosaurios son, en general, bastante ligeros, pero las costillas no", afirmó el Dr. Jørgen Krøglid, primer autor del estudio.
"Esto nos sorprendió un poco. Los huesos compactos se encuentran normalmente en animales que se mueven lentamente, como los manatíes", apuntó por su parte la Dra. Liebe Delsett.
En conclusión, este hallazgo revela una ingeniosa solución evolutiva para la vida en mar abierto. Al igual que los buceadores modernos utilizan cinturones de lastre, los ictiosaurios contaban con un peso extra en sus costillas para vencer la flotabilidad natural de sus pulmones y facilitar sus inmersiones.
Aunque la forma general de su cuerpo es un claro ejemplo de evolución convergente con las ballenas dentadas actuales, el Dr. Krøglid enfatiza que la microanatomía y la estructura celular demuestran que, en el fondo, siguieron sus propios caminos evolutivos únicos.





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