miércoles, 3 de junio de 2026

Tormenta, sangre y seppuku: El trágico fin de Sue Harukata en Miyajima


Para comprender la magnitud de la catástrofe que estaba por desatarse en las aguas del Mar Interior de Seto, es necesario mirar hacia el pasado reciente y hacia la opulencia de Yamaguchi. Durante generaciones, el clan Ouchi se había consolidado como el amo absoluto del oeste de Japón; una superpotencia feudal que controlaba el comercio, la cultura y la política de la región. 

En 1551, sin embargo, la ambición ciega del general Sue Harukata quebró siglos de lealtad al perpetrar un sangriento golpe que forzó el suicidio de su propio señor, Ouchi Yoshitaka, sumiendo a los dominios en el caos más absoluto. Lo que el usurpador no previó en sus planes de grandeza fue la reacción de la periferia. Ante el ultraje de la traición, el clan Mori, que hasta entonces había operado como un discreto pero estratégico vasallo de la legítima casa Ouchi, se negó a arrodillarse ante el nuevo régimen.

Con todo la sangre correría para el codicioso general en un escenario extraordinario: la isla sagrada de Miyajima. Un castillo el Miyao fue construido por el clan Mori cerca del santuario Itsukushima (santuario sintoísta) del que esperaban resistir cualquier otro ataque tras una batalla ganada contra Sue. Éste preparó una flota de barcos mercantes así como a sus tropas el cruzar un canal; en las primeras horas de un 15 de octubre (1555), atacó el susodicho castillo en un ataque anfibio. 




Mientras tanto, con el punto de desembarco completamente asegurado, para Mori Motonari procedió a ejecutar la siguiente fase de su meticulosa estrategia. Tras haber negociado el respaldo clave de las flotas de piratas locales, quienes accedieron a transportar a sus guerreros hacia Miyajima, la maquinaria bélica de los Mori se puso en marcha bajo el amparo de la noche reinante. Las embarcaciones avanzaron sigilosamente llevando los estandartes distintivos del clan ocultos por la oscuridad. Aprovechando este factor sorpresa, Motonari, acompañado por sus hijos Kikkawa Motoharu y Mori Takamoto, logró tomar tierra con éxito en la costa oriental de la isla, posicionándose estratégicamente justo a la espalda de las fuerzas del general Sue. Mientras tanto, el tercer hijo navegó directo hacia el fuerte en una finta. 

En la mañana, el célebre samurái Takakage y un contingente de 1,500 soldados desembarcaron antes del castillo - fortaleza donde los sonidos de las trompetas de concha advirtieron que todas las unidades estaban posicionadas y el ataque dió lugar. 

Como la fuerza de Takakage empujó a los atacantes desde frente, es decir, en la fachada de Miyao por su parte Mori y sus tropas alcanzaron la posición de los sitiadores desde atrás. Tomados por sorpresa múltiples soldados estallaron en desorden, así mismo se narra cientos intentaron nadar a tierra firme y murieron ahogados, por otro, muchos percibieron la derrota por lo que optaron por inmolarse con el seppuku. 

El 18 de octubre, la sangrienta batalla llegó a su fin tras cobrarse la vida de unos 4.700 soldados del ejército de Sue. Aunque el general logró huir del área del castillo Miyao, pronto descubrió que los Mori habían bloqueado todas las salidas. Al ver que la huida era una quimera absoluta, Harukata se retiró para consumar el seppuku. Con su suicidio, la gran traición que había comenzado en los palacios de Yamaguchi encontró su trágico desenlace en las arenas de Miyajima.

Historias de Macao: la Fugaz participación de los portugueses con los clanes Samurái



Nos remontamos a Moji, del Japón Feudal, sobre la actual prefectura de Fukuoka, allí, una fortaleza de las miticas tierras del sol naciente se erigia sobre una colina de 175 metros, para el poderoso clan Ōuchi, tras las Guerras Genpei (1180-1185) que enfrentó a los dos clanes con mucho más poderosos: los Taira y los Minamoto. 

Resulta que este castillo cayó en desgracia para sus creadores originales en 1557 con el desmantelamiento de los Ouchi y la muerte de su líder, por las pugnas y tensiones internas. Ouchi Yoshitaka, prefería el comercio con los lusos o portugueses así como las artes, como otras ramas antes que el conflicto por lo que fue traicionado por su principal general, Sue Harukata, quien liberó una rebelión armada contra su antiguo señor. Yoshitaka, murió al realizarse seppukku al verse acorralado en el templo Daitō-ji al intentar huir hacia la isla de Kyushu que no fue posible por las adversidades climáticas. 

El castillo de Moji pese a todo seguía en pie. Sin embargo y en un giro del mismo, el clan Mori terminaría aplastando a Sue Harukata y su ejército, ganando el territorio de los Ouchi restantes, por lo que, fue impuesto un líder titere a la cabeza del moribundo clan: Ouchi Yoshinaga. Quien era hermano de Ōtomo Sōrin, el señor del clan rival Ōtomo. 
Otomo Sorin. Al año siguiente, en 1558, el brillante general Kobaya Takakage marchó hacia el norte y capturó el estratégico Castillo de Moji. No tardaron los Mori que fortificaron de inmediato sus murallas, sabiendo que el clan Otomo intentaría tomarlo lo que detonaría en su eventual asedio de 1561. Yoshitaka había convertido su capital Yamaguchi en la "Kioto del Oeste", un refugio seguro para los comerciantes portugeses y los misioneros jesuitas, como lo es el conocido San Francisco Javier; tras el golpe por otro lado la ciudad fue saqueada e incendidada, obligando a los europeos a huir para salvar sus vidas.

Con el fin de hacerse con el castillo, Otomo Sorin ejecutó el ataque en alianza con una flotilla de comerciantes portugueses, los cuales proveyeron de hasta tres barcos de 500 toneladas y alrededor de 300 hombres en cada embarcación. El estruendo de la artillería portuguesa marcó el inicio de las hostilidades; un implacable bombardeo desde el mar que barrió las defensas costeras y despejó el terreno. Gracias a este devastador apoyo naval, el contingente del clan Otomo pudo avanzar con absoluta libertad, cercando los muros del castillo sin encontrar oposición alguna. 

El impacto de la artillería naval portuguesa fue decisivo para las fuerzas de Otomo, permitiéndoles asegurar posiciones y establecer un cerco efectivo alrededor de la fortaleza de Moji. Sin embargo, este apoyo crucial llegó a su fin cuando los navíos extranjeros, habiendo consumido todas sus reservas de pólvora y proyectiles, se vieron obligados a levantar el fondeo y retirarse de la escena del combate.

Al perder el amparo de la artillería naval, la ventaja táctica del clan Otomo se desvaneció rápidamente. Las fuerzas de Mori aprovecharon el momento para desplegar un contingente de refuerzo que, mediante una maniobra coordinada, consiguió quebrar las líneas de asedio y consolidar las defensas del bastión. En un último intento por revertir la situación, Otomo Sorin lanzó una ofensiva desesperada contra las murallas el 10 de octubre; sin embargo, el feroz contragolpe de los defensores repelió el ataque, obligando a los atacantes a levantar definitivamente el cerco y retirarse.

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viernes, 29 de mayo de 2026

Antes de los árboles: El enigma de los Prototaxites

Cierre los ojos e imagine un viaje en el tiempo de 400 millones de años. Olvídate de los dinosaurios; ni siquiera los insectos voladores existen todavía. Al mirar al horizonte, el paisaje terrestre parece sacado de una película de ciencia ficción. No hay bosques verdes ni hojas que susurren con el viento, pues las plantas apenas levantan unos centímetros del suelo. Sin embargo, rompiendo la llanura, se elevan unos colosos monumentales: extrañas torres de hasta nueve metros de altura y un metro de ancho que dominan el planeta solitarias. Durante más de un siglo, la ciencia creyó que estos gigantes eran los ancestros de nuestros árboles modernos. La realidad, descubierta hace apenas unas décadas, resultó ser mucho más extraña, fascinante y perturbadora. Aquellos primeros rascacielos de la Tierra no eran plantas. Eran otra cosa que aún hoy dudamos qué eran exactamente. En marzo por ejemplo de 2025 un artículo de investigación publicado por bioRxiv dio mucho que hablar al afirmar que Prototaxites, un organismo de entre 8 y 9 metros de altura descubierto hace aprox. 175 años, no encajaba en ninguna categoría biológica conocida. Sus autores de la Universidad de Edimburgo sostenían que estos gigantes pertenecían a un presunto linaje biológico extinto que no tiene equivalente en el mundo moderno. Dicho estudio a saberse ya ha sido revisado por pares y se encuentra disponible en la revista Science. Para entender cómo este coloso logró camuflarse a la vista de los mejores científicos durante generaciones, es necesario entender su anatomía. Cuando el geólogo John William Dawson y otros investigadores posteriores realizaron cortes transversales en los troncos fosilizados de los Prototaxites, se toparon con una característica desconcertante: anillos concéntricos perfectos. En el reino vegetal moderno, estos anillos son sinónimo de tiempo; representan las temporadas de crecimiento anual de un árbol, permitiéndonos calcular su edad y los cambios climáticos que experimentó en vida. Ante tal evidencia macroscópica, la comunidad científica asumió por defecto que estaba contemplando madera ancestral. Sin embargo, la naturaleza había ejecutado un espejismo evolutivo perfecto. Esas líneas circulares no eran el resultado de la producción estacional de xilema y savia, sino la huella de un crecimiento fúngico masivo. El misterio comenzó en la década de 1850, cuando el geólogo canadiense que mencionabamos John William Dawson desenterró los primeros restos en la bahía de Gaspé. Al observar su aspecto, concluyó que se trataba de coníferas primitivas en estado de descomposición. Sin embargo, su extraña morfología —troncos masivos y completamente desprovistos de ramas— desafió cualquier intento de clasificación taxonómica rigurosa. Esta densa niebla de incertidumbre se prolongó por más de un siglo y medio. El verdadero punto de inflexión llegó en 2001, cuando el paleontólogo Francis Hueber, del Museo Nacional de Historia Natural, se atrevió a proponer que los Prototaxites eran, en realidad, hongos gigantes. La hipótesis ganó respaldo en 2017 tras el hallazgo en fragmentos de P. taiti de lo que parecían ser estructuras reproductivas similares a las de las setas actuales. Sin embargo, la ciencia no se detiene: análisis recientes mediante tecnología de barrido láser han vuelto a poner en duda esta teoría que hasta hace poco se daba por sentada.
Microestructura de un Prototaxites visto con un microscopio de luz polarizada. "En los libros de anatomía sobre hongos vivos nunca encontramos estructuras como estas", contó a Science Magazine el paleobotánico Alexander Hetherington, autor principal del estudio y responsable del análisis de tres muestras distintas de P. taiti. Pese a las primeras impresiones, los investigadores y el artículo concluye que las conexiones anatómicas de Prototaxites son incompatibles con los hongos actuales, obligando a replantear su origen biológico. El veredicto definitivo llegó cuando se diseccionó químicamente sus tejidos tubulares, desmantelando cualquier parentesco con el reino vegetal o las algas terrestres. Los análisis moleculares también cerraron la puerta a los líquenes, descartando que se tratara de una estructura simbiótica clásica.
Reconstrucción de un Prototaxites por parte de Dawson en 1888 en forma de conífera. De esta manera cuando aún se teorizaba que era un hongo, es decir, del reino Fungi se sugirió pertenecería a Ascomycota; pese a todo, su puesto en este reino ha vuelto a tambalearse. Las dudas actuales no apuntan a su química, sino a su compleja anatomía microscópica: el hallazgo de estructuras tubulares estriadas (conocidas como banded tubes) ha desconcertado a los expertos, ya que estas formaciones son típicas del desarrollo de las plantas terrestres primitivas y extremadamente ajenas a los hongos que conocemos. Se plantea, por tanto, la hipótesis que este enigma del Devónico perteneció en realidad a un linaje eucariota basal e independiente, un reino propio hoy desaparecido.

jueves, 28 de mayo de 2026

Olvida a los mamuts: El verdadero rey de los gigantes terrestres vivió en la India

En el imaginario colectivo y con cierta razón podemos pensar que el coloso definitivo de la prehistoria se trató de gigantes como los mamuts, y si bien fueron criaturas maravillosas, existe un animal creeme aún más grande que camino por los suelos de esa época pero que es mucho menos conocido, hablamos de Palaeoloxodon namadicus o elefante asiático de colmillo recto, resulta que este coloso con 5 metros de altura y un peso estimado de 22 toneladas, Palaeoloxodon duplicaba el tamaño de los elefantes actuales y reclama el trono como el mamífero terrestre más grande de todos los tiempos. Esta especie habitaba durante el Pleistoceno en Asia, desde la India hasta Japón, como también en Sri Lanka. Sostener a un gigante de semejantes dimensiones requería un motor ecológico formidable. La India prehistórica que habitó el Palaeoloxodon namadicus durante el Pleistoceno no era un paisaje estático; era un hervidero de vida impulsado por un sistema de monzones ancestrales. El subcontinente estaba dominado por vastas cuencas fluviales, sábanas de pastos altos y densos corredores de bosques tropicales y templados. Este entorno ofrecía un banquete inagotable de vegetación, árboles de gran tamaño y fuentes de agua. Lo que contribuyó a su gran tamaño. Por otro lado, el animal compartía ambiente con variantes masivas de hipopótamos, rinocerontes antiguos y grandes felinos, moviéndose como el monarca absoluto de un paisaje tan rico y fértil que parecía diseñado exclusivamente para albergar gigantes.
Este proboscideo existió hace unos 24 mil años del cual se sabe compartió también espacio con los humanos arcaicos, más específicamente con Homo erectus (a menudo denominado en la región como el "Homino de Narmada" debido a los restos fósiles hallados en el mismo valle del río) y formas arcaicas de Homo heidelbergensis o Homo sapiens primitivos. En relación con los mamuts, como el Mammuthus trogontherii o el Mammuthus primigenius, la diferencia también fue significativa; aunque algunos mamuts alcanzaron pesos elevados, su estructura corporal era más compacta, adaptada al frío, mientras que el Palaeoloxodon presentaba un cuerpo más alto, largo y voluminoso. Palaeoloxodon namadicus representa así la cúspide de la megafauna terrestre. Su ejemplo muestra que la Tierra ya tuvo mamíferos mucho más grandes que cualquier cosa viva hoy, desafiando nuestra percepción de las especies que pisaron alguna vez este planeta.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Descubierto este año el mítico Kraken ¿Qué se sabe del colosal pulpo 'Nanaimoteuthis'?

Antes de adentrarnos en materia sobre el descubrimiento del pulpo 'Nanaimoteuthis' que fue tan recién en el mundo de la paleontología como lo es abril y tuvo su revuelo a nivel internacional como cobertura por parte de los medios de comunicación, es preciso conocer antes por que comparamos al nuevo espécimen con el Kraken. El Kraken para los que no hayan escuchado antes de él se podría resumir en que es una enorme criatura habitante del mar de acuerdo con la mitología nórdica, y descrita frecuentemente como un tipo de pulpo, calamar gigante o medusa. Se narra al emergir de las produndidades ataca barcos y devora a sus marineros. La historia, una de las descripciones más antiguas pueden rastrearse al Konungs skuggsjá (c. 1250) (en nórdico antiguo: "Espejo del Rey" o "Espejo Real", también conocido como Speculum regale en latín) un importante texto didáctico noruego escrito en nórdico antiguo alrededor del año 1250. En el manuscrito, diseñado para educar a los nobles y a los hijos del rey, un viajero islandés describe las maravillas de los mares del norte y habla de un monstruo colosal. Sin embargo, no lo llama Kraken, sino Hafgufa ("neblina marina" o "vapor de mar"). Hay un monstruo que sigue siendo un misterio, del cual se habla más por su tamaño que por su naturaleza... Parece más una isla que una criatura viva. Se dice que solo existen dos en todo el océano, y que no pueden reproducirse porque el mar no podría sostenerlos. Su método de alimentación es abrir la boca gigantesca y emitir un olor que atrae a todos los peces cercanos; una vez que su boca está llena, la cierra y se los traga, barcos incluidos (Konungs skuggsjá, ca. 1250/1917).
Entorno al siglo XVII se habla del Kraken como se entiende en día. El nuevo hallazgo investigadores ahora nos indican que una criatura que no es un ningún invento o posible avistamiento en realidad existió, pero hace millones de años, lo cual podría ahora sí validar la idea de un gigante de los mares: se trata de Nanaimoteuthis, que de acuerdo con los reportes habría existido en el Cretácico Superior de lo que hoy es Canadá y Japón, conocido a partir de picos aislados. Los animales de este tipo a saberse no preservan su cuerpo como tal ni en la era de los dinosaurios como en la actualidad debido a que sus cuerpos son blandos, conservando únicamente a través del tiempo el aparato mandibular (o el famoso pico de loro). Los científicos con esta misma caracteristica al comparar el tamaño de los picos fósiles con los de los calamares gigantes actuales, descubrieron que la especie Nanaimoteuthis haggarti tenía un pico 1.5 veces más grande que el de un calamar gigante moderno. De manera proporcional a los cefalópodos actuales, se estima que este pulpo gigante pudo haber alcanzado longitudes estimadas de entre 6.6 y hasta 18 metros. Además, en las mismas partes de su cuerpo se hallaron marcas que muestran un desgaste brutal, astillamientos e incluso pérdida de hasta el 10% de su longitud total lo que significa que tenían una mordida demoledora diseñada para triturar presas duras, lo que sugiere que competían directamente en la cima de la cadena alimenticia e incluso pudieron haber cazado a otros depresadores ápice tales como plesiosaurios o mosasaurios jóvenes. Vale apuntar sin embargo que algunos paleontólogos no están de acuerdo con que Nanaimoteuthis haggarti fuera un superdepredador. Pese a lo que aún se desconoce de los mismos, estos invertebrados pudieron competir con sus afamados pares vertebrados de la época que hasta hace poco eran los únicos protagonistas en las aguas cretácicas.
Distribución de Architeuthis (calamares gigantes).

miércoles, 20 de mayo de 2026

Historias de Macao: André Pessoa y el asedio de los 3,000 samuráis (FINAL)

A la caotica preparación de huida del capitán luso André Pessoa y su tripulación, como narramos en el anterior episodio de esta saga, el Nossa Senhora, encontró sin embargo no estar preparada para navegar debido a la enorme carga que los comerciantes habían adquirido, por lo que el capitán mandó apresurar el estibamiento y montar guardia. Ésto no sin razón pues el portugues tenía conocimiento que el acecho de los nipones circundaba el aire; en esos momentos avisto la llegada de un mensajero donde se encontraban (en las costas de Nagasaki), el cual, le dijo a Pessoa que querían negociar con seda y que además estaba siendo requerido como mera formalidad para testificar por el incidente de Macao, China Ming, donde murieron una cincuentena de japoneses entre ellos samuráis. La magnitud del desastre fue tal que enfureció al daimyō Arima Harunobu, el conflicto no fue una simple pelea de taberna; fue una auténtica batalla urbana en las calles de Macao en noviembre de 1608. El lusitano a sabiendas que cerca se encontraban ya un contingente de 1,200 samuráis del clan Arima no le creyó, y ordenaría a toda la tripulación que acudiese al barco en calidad de emergencia. Algunos comerciantes le acusaron de haber causado complicaciones mientras que otros no pudieron llegar a puerto debido a los guardias japoneses en la zona (abordaron solo 50 europeos junto con varios esclavos negros y marinos indios o lascares).
Al caer la noche, una flota de juncos al mando de Arima se aproximó al Nossa Senhora, que tenía las luces apagadas en previsión del ataque. Los oficiales de Pessoa aconsejaron disparar primero, ya que los japoneses traían antorchas y eran blanco fácil para la artillería, pero se rechazó no queriendo iniciar las hostilidades: en el que se mandó a zarpar. Batalla: Los orientales por su parte tenían otros planes, así, los japoneses tiraron las primeras flechas y mosquetazos, a lo que el buque disparó dos andanas sucesivas, acompañadas de toques burlones de instrumentos musicales. Disuelta por los cañones, la flotilla retrocedió, pero el Nossa Senhora no pudo hacer lo mismo debido a que aquellos días había calma chicha y tuvo que echar ancla en Fukahori. La paciencia de Tokugawa Ieyasu se había agotado. Enfurecido por las constantes afrentas, el exshogun dictó una sentencia implacable: todo portugués en Nagasaki debía ser pasado a cuchillo, sin distinguir entre civiles y jesuitas. Sin embargo, el destino de la comunidad lusa se salvó por una mera cuestión de tiempo. Durante varios días los japoneses no se atrevían en atacar al sol, por lo que ejecutaron sus asaltos durante la noche con poco éxito; al ver que el barco parecía inexpugnable empezaron a pensar otras maneras de hacerse con él o destruirle.
Primero Arima Harunobu intentó enviando a dos samuráis disfrazados de mensajeros con órdenes de matar a Pessoa a costa de sus vidas, pero el plan fracaso porque los portugueses comprendieron la farsa y no subieron a bordo, en el segundo, se envío buzos para cortar el ancla de la nave pero este también resultaría infructuoso, al tercer día, Arima ofreció falsos rehenes para que la carraca volviera a puerto, pero Pessoa descubrió el engaño y contraatacó exigiendo a los hijos de los líderes nipones como garantía. Ante esto finalmente enviaron una flotilla de naves en llamas con intención de incendiar la carraca, pero las malas condiciones del viento les impidieron alcanzarla, a excepción de una de ellas, que rebotó contra su proa sin causar daños al momento. El fin: Así el bando samurái desvela su nueva arma una enorme torre de asedio flotante, construida sobre dos juncos y tan alta como la cubierta del barco, dentro de la cual se habían apostado 500 arqueros y arcabuceros bajo cortinas de cuero mojado contra incendios. De esta forma los atacantes buscaron acercarse sobre la popa, ya que los cañones occidentales estaban puestos en la proa. En un primer momento la torre se acercó peligrosamente aunque la resistencia lusitana no permitió más que pasar a un puñado de asaltantes, dos de los cuales fueron matados por el mismo Pessoa. También los tripulantes lanzaron granadas de mano contra las canoas del asalto el cual acabó con múltiples de las embarcaciones.
El destino de la batalla se selló tras seis horas de combate debido al fuego de la torre japonesa, cuando el disparo de un arcabucero impactó en una granada incendiaria que un luso se disponía a arrojar. El artefacto cayó y estalló sobre un depósito de pólvora, desatando una devastadora reacción en cadena que envolvió en llamas al Nossa Senhora da Graça. Acorralados en el castillo de proa, Pessoa y sus hombres se vieron superados; la mermada tripulación no bastaba para apagar el fuego y repeler el asalto simultáneamente. Decidido a perecer antes que rendirse, el capitán ordenó volar la santabárbara, pero ante la vacilación de sus subordinados, dejó las armas, rezó con un crucifijo y les permitió saltar al mar antes de destruir él mismo la carraca. La nave estalló dos veces, partiéndose en dos antes de hundirse con su cargamento, atacantes y su capitán. Los samuráis abatieron en el agua a los supervivientes que intentaban ganar la costa, extinguiendo a sangre y fuego las últimas vidas de una tripulación que prefirió la muerte antes que la capitulación.

Historias de Macao: André Pessoa, el Japón de los Shogunes, y la amenaza holandesa

...la cual logró burlar el bloqueo de los Países Bajos y adentrarse en el mar abierto. El coloso portugués navegaba con el viento a favor, pero cargaba con una maldición invisible. André Pessoa creía haber dejado atrás el problema de los japoneses con las ejecuciones y el restablecimiento del orden en Macao, pero en el Japón de los Shogunes, las noticias volaban tan rápido como las flechas. Cuando la imponente silueta del Nossa Senhora da Graça entró finalmente en el puerto de Nagasaki, la atmósfera que recibió a Pessoa no fue la de un mercado entusiasta, sino la de un tribunal silencioso. Entre la multitud que observaba desde los muelles se encontraba Arima Harunobu, el influyente daimyō (señor feudal) cuyos hombres habían sido pasados por las armas en Macao. Al principio, el negocio fluyó. Las sedas chinas y la plata japonesa comenzaron a cambiar de manos, pero bajo la mesa, la maquinaria de la venganza ya estaba en marcha. Harunobu envió mensajeros secretos al Shogunato de Tokugawa relatando la humillación sufrida en Macao. La respuesta del Shogun fue fulminante: Traigan la cabeza de Pessoa y confisquen el barco.
Carraca portuguesa en el arte japonés. China tenía prohibido comerciar directamente con Japón, y por ello los lusos podían servir como intermediarios mercantiles con todos sus beneficios. Probablemente al tanto de esta situación, y procurando no dar motivos a los japoneses para desviar sus compras al Hirado holandés, Pessoa calmó la situación pidiendo la mediación de los jesuitas y pagando un soborno cuantioso a dos funcionarios: el bugyo Hasegawa Fujihiro y el daikan Murayama Toan. El capitán lusitano intentó jugar sus cartas políticas y envió un memorándum a Honda Masazumi, el ministro de asuntos exteriores del shogunato. La jugada le salió al revés, al dar la impresión de que Pessoa estaba aprovechando el canal diplomático para quejarse a sus espaldas, se ganó de inmediato la enemistad jurada de Hasegawa y Murayama. Curiosamente, el ministro Honda estuvo de acuerdo con Pessoa; prometió limitar la presencia japonesa en Macao y delegar los futuros incidentes a la jurisdicción de la ley local. Ante esto, Hasegawa cambió drásticamente de actitud y volvió a mostrarse conciliador, al punto de asistir a los lusos en la embajada e incluso soltarles un soplo de valor incalculable: Tokugawa Ieyasu planeaba desde hacía tiempo favorecer a los mercaderes holandeses para romper, de una vez por todas, el monopolio portugués. Sin embargo, tanta volubilidad encendió las alarmas. Pessoa y sus mercaderes, desconfiando profundamente de las intenciones de Hasegawa, tomaron una decisión arriesgada el saltarse los intermediarios y pedir una apelación directa ante el mismísimo Ieyasu para exponer los trapos sucios del funcionario. La noticia horrorizó a los jesuitas. El clero conocía perfectamente los hilos del poder en la corte y sabía algo que el capitán ignoraba: Onatsu, la hermana de Hasegawa, era la concubina favorita del ex-shogún y ejercía una influencia colosal sobre él. Pessoa, sin saberlo, acababa de meter la cabeza en la boca del lobo. Nagasaki pasó de ser un simple pueblo pesquero nipón a un floreciente puesto comercial de mercaderes y misioneros jesuitas, su influencia económica y religiosa atrajo la desconfianza de los poderes japoneses.
Para mal de males de los portugueses las deliberaciones se habían detenido para darle más ahinco a la venganza, en el que por el naufragio en costas niponas del galeón español San Francisco, comandado por Rodrigo de Vivero, cuyos supervivientes fueron conducidos a la corte gracias al contacto por carta que Ieyasu y Vivero habían mantenido en el pasado y allí cuando Ieyasu entero de primera mano del comercio español, decidió que los mercaderes portugueses eran prescindibles y podían ser sustituidos por sus vecinos ibéricos y los holandeses, por lo que autorizó a Arima y Hasegawa a arrestar a Pessoa por cualquier medio necesario. El 3 de enero enterado de las intenciones de Hasegawa por la comunidad cristiana de Japón, Pessoa preparo su salida de la isla.

Tormenta, sangre y seppuku: El trágico fin de Sue Harukata en Miyajima

Para comprender la magnitud de la catástrofe que estaba por desatarse en las aguas del Mar Interior de Seto, es necesario mirar hacia el pas...