Mostrando las entradas con la etiqueta Piratas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Piratas. Mostrar todas las entradas
miércoles, 22 de abril de 2026
El Reino Olvidado: Cuando un pirata chino intentó conquistar la capital española de Manila (PARTE 1)
En 1574, el destino del sudeste asiático pendía de un hilo. Una marea de sesenta navíos, cargados con miles de guerreros chinos y japoneses, emergió del Mar de China Meridional con un solo objetivo: borrar a Manila del mapa. Bajo el mando del temible pirata Limahong, la 'armada fantasma' desató un infierno de fuego que se cobró la vida de figuras legendarias como Martín de Goiti. Esta es la crónica de una resistencia desesperada, donde el acero de la Corona y el ingenio de Juan de Salcedo se enfrentaron a la ambición de un hombre que quiso fundar su propio imperio sobre las cenizas de una capital española. Limahong, un señor de la guerra proscrito por el Emperador de China, con 62 barcos y más de 4,000 efectivos (incluyendo colonos, como ciudades flotantes). Por otro lado los defensores apenas unos cientos de españoles y aliados indígenas, desprevenidos y con fortificaciones de madera aún bajo construcción. El botín, el control de la ruta comercial más rica del Pacífico.
Mar de China Meridional.
Como contexto de la situación en lo que sería Manila, en la isla de Luzón, Filipinas, una primera expedición española llegó a la región en 1565, pero la ciudad en sí no sería fundada hasta 1571, una vez establecida, Manila se convertiría en un gran centro de comercio con multitud de regiones del sudeste asiático, así como con China y Japón, que comerciaban con porcelana, sedas y maderas. La fama de la riqueza de Manila se propagó rápidamente por toda la región, despertando el interés de piratas.
Limahong no era el típico bandido del mar. Era un caudillo, es decir, líder militar, de voluntad inquebrantable que cargaba con el peso de una nación flotante sobre sus hombros. Perseguido por el rayo de la ira del Emperador de China, Wanli, y acorralado por el océano, vio en Manila su última frontera. No iba a saquear; iba a reinar. Para los españoles, podría haber parecido el mismo demonio, una pesadilla de su dominio; para sus seguidores, el único hombre capaz de desafiar a los dos imperios más grandes del planeta en ese momento.
Fue en 1574 que el señor de la guerra cantonés puso rumbo a Manila, ya que acababa de ser repelido de las costas chinas por la flota imperial de Guangdong que ambicionaba trasladar su base de operaciones al archipiélago de Filipinas, desde donde podría obtener beneficios mayores por menos peligro. Al capturar un mercante chino con tripulantes españoles que provenía de Manila, había averiguado que la ciudad no contaba más que con una guarnición de unos doscientos españoles, por lo que juzgó que sería fácil tomarla en un ataque decisivo.
Entrada del Fuerte Santiago, Manila. Imagen de dominio público vía Wikimedia Commons. De acuerdo con las crónicas, en noviembre guiado por prisioneros Limahón arribó a Manila a la cabeza de una flota de una sesentena de juncos con la intención expresa de expulsar a los españoles y tomar la ciudad. El contigente a saberse estaba compuesto por 2000 soldados, 2000 marineros y 1500 colonos, que incluían familiares de los combatientes, mujeres capturadas en China y Japón, granjeros, médicos, carpinteros y artesanos con todo lo necesario para establecer el asentamiento. Se detalla, dejó una pequeña partida en la isla de Batán, al norte de Luzón donde se había refugiado de la armada china, esperando su victoria para incorporarse.
Isla de Luzón, Filipinas. La expedición de Limahong representaba una fuerza heterogénea donde el liderazgo chino se apoyaba en la pericia militar japonesa. Según historiadores, la figura de su principal lugarteniente, Sioco (identificado como una corrupción del nombre Shogo), evidencia la connivencia entre las flotas de Limahong y las facciones de piratas wakō (de origen japonés). Esta alianza se describen además las armas blancas de los invasores con el nombre de catán, del japonés katana, esgrimidas junto a picas y armas chinas. Asimismo se menciona al menos un intérprete de origen portugués entre sus efectivos, probablemente un prisionero. Pese a la diferencia númerica, las fuentes narran los dos bandos estaban a la altura en cuanto a armas y pertrechos. Empleando también por ambos lados arcabuces y piezas de artillería pequeñas, así como espadas y dagas, y varias clases de sables, catanes y alfanjes chinos. Las defensas por otro lado predominaron las armaduras de metal, las cotas de malla y los coseletes de tela como los escaupiles, estos últimos sobre todo por parte de los de Limahon. Los piratas chinos usaron además gran cantidad de granadas de pólvora y artefactos incendiarios.
La flota de Limahon había sido avistada en su descenso por puestos españoles en el norte, dirigidos por Francisco de Saavedra y Juan de Salcedo. Tres mensajeros se hicieron a la mar, pero fueron alcanzados por la flota china debido a una calma chicha y debieron abandonar sus embarcaciones, con lo que no fue posible enviar el mensaje a tiempo.
El ataque "decisivo" de Limahon
La noche del 30, finalmente Limahong ordenó a Shogo asaltar por sorpresa la ciudad con 400-600 hombres: sin embargo, el plan se vio frustrado al comenzar, ya que se había ordenado ejecutar a los prisioneros y, al no contar más con su experiencia, Shogo y sus hombres se vieron atrapados en las corrientes de la zona, con lo que tres de sus botes zozobraron y el resto se desvió por error hasta Parañaque. Así decidieron entonces seguir a pie hasta Manila y arrastrar los botes con sirgas. Los piratas fueron avistados por lugareños quienes creyeron que trataban de bandidos musulmanes de Borneo, y así lo hicieron saber al gobernador Martín de Goiti; estando enfermo no les dió credibilidad y diez guardias averiguarían lo que sucedía, del que terminaron derrotados con rapidez. Los soldados del lugarteniente nipón sitiaron la vivienda, la cual ya estaba defendida por pocos honbres y ante la burla de la esposa de de Goiti, Lucía del Corral, incendiaron la casa. Goiti en medio del terrible siniestro y ante la sorpresa de los atacantes pese a estar enfermo, tomó acción y plantó batalla; siendo abatido.
De la refriega sólo sobrevivieron Del Corral y el soldado Francisco de Astigarribia, gravemente heridos. A la muerte de Goiti, la voz de que un ataque a gran escala se estaba realizando al otro lado de la isla se empezaron a organizar defensas. Lavezaris, contó con todos los hombres que pudieran pelear: mientras tanto el capitán Lorenzo Chacón ubicó a los atacantes y abrió fuego contra los mismos logrando detener su avance. El japonés cambió de táctica y, aprovechando su enorme superioridad numérica, les burló ejecutando un movimiento de pinza con sus propios piqueros y arcabuceros, por lo que los españoles de Chacón, rodeados y superados en el cuerpo a cuerpo, dieron retirada con ocho bajas tras de sí.
Pero lejos de estar vencidos, otros 80 españoles, repelieron la persecución al mando de Alonso Velázquez y los alféreces Amador de Arriarán y Gaspar Ramírez, atacando a la columna de Shogo por el flanco y obligándoles a retroceder. Los asiáticos, probablemente temiendo la llegada de más refuerzos locales, huyeron al puerto de Cavite, donde habían acordado reunirse con Limahong. Con las empalizadas apenas levantándose y el eco de las ejecuciones anónimas de Numanatay y Rajabago aún fresco en las calles, Manila contenía el aliento. Salcedo estaba en su puesto, pero la sombra de la flota de Limahong y el acero de Shogo acechaban de nuevo en el horizonte. La capital de las Filipinas se preparaba para su prueba de fuego definitiva. La calma no era paz; era el preludio de la tormenta...
domingo, 19 de abril de 2026
Acero toledano contra katanas: El choque de titanes en los combates de Cagayán
Cuando solemos pensar en combates del siglo XVI, probablemente pensemos en algunos conocidos como el Gran Sitio de Malta, en Europa donde en perspectiva el sultán Solimán el Magnífico envió una flota masiva para tomar la isla de Malta y desde allí invadir Europa. En el que pese a todo los Caballeros Hospitalarios y soldados españoles resistieron un asedio imposible, así como múltiples conflictos en fuerzas a decir verdad emparejadas. Pero qué dirías si te contara que existió un conflicto mucho menos conocido pero extraordinario por parte de fuerzas occidentales y del lejano oriente. Una de esas rarísimas historias "entre dos mundos", hablamos del combate de Cagayán en Filipinas.
En torno a 1573, los japoneses comenzaron a intercambiar oro por plata en la isla filipina de Luzón, especialmente en las actuales provincias de Cagayán, Gran Manila y Pangasinán. En 1580, sin embargo, ya un corsario japonés forzó a los nativos de la localidad a prestarle fidelidad y sumisión.
Antecedentes
El primer choque no fue un duelo de espadas, sino de ingenio naval, en las aguas del mar de la China Meridional, el español Juan Pablo de Carrión utilizó su galera como una fortaleza flotante. Mientras los japoneses buscaban el cuerpo a cuerpo, la artillería occidental dictó las reglas del juego, obligando al navío nipón a probar el amargo sabor del plomo antes que del acero, al menos en este primer acercamiento.
Vale aclarar como estaban conformados ambos bandos, y su lealtad, por un lado estaba la Armada Española de Filipinas perteneciente a la Corona, al mando del capitán Carrión y por el otro, piratas chinos, coreanos, filipinos y japoneses liderados por Tay Fusa, caudillo y capitán pirata de origen japonés. Así las primeras batallas tuvieron lugar en las cercanías del río de Cagayán en respuesta a los saqueos piratas de las costas de Luzón.
De esta manera se emprendió una misión de "limpieza" para recuperar el control de esa vía fluvial, donde Tay Fusa reunió una flota de 18 champanes y se estableció en el archipiélago filipino. En contrarrestarles, Carrión contaba con una flota de siete embarcaciones de guerra: cinco bajeles pequeños de apoyo, un navío ligero, el San Yusepe y una galera, la Capitana, a bordo de las mismas, aparte de los tripulantes, iban cuarenta soldados.
Allí pese a la creencia popular, iban criollos y una minoría de indígenas de origen tlaxcalteca del Nuevo Mundo. La pelea Fue en el primer movimiento que los soldados hispanos lograron observar a un junco que acababa de arrasar la costa, la Capitana se abalanzó sobre la embarcación y abrió fuego de artillería que causaron los primeros muertos; del cual se intentó abordar el barco, sin embargo los piratas a bordo repelieron a las tropas de Carrión. En una situación difícil los soldados retrocedieron.
Duros de roer Los piratas del junco según las crónicas superaban en número a los españoles y aliados, por lo que estos también intentaron abordar la nave y de hecho realizaron su propio abordaje a la cubierta de la galera. Los soldados sin embargo ferreamente establecieron una posición defensiva en la popa y formaron una barrera, con los piqueros delante y arcabuceros y mosqueteros detrás. Carrión cortó también la driza de la vela mayor, que cayó atravesada sobre el combés, creando una trinchera adicional tras la que parapetarse. Entre las descargas de arcabucería y cargas cuerpo a cuerpo, finalmente hicieron retroceder al adversario hacia el junco. Para mal, el San Yusepe llegaba para unirse a la acción, disparando contra el barco y acabando con los tiradores que aún hostigaban a la Capitana.
Con la derrota ya grabada en el horizonte, los piratas supervivientes se lanzaron al mar en un intento desesperado por alcanzar la orilla. Pero lo que debía ser su protección se convirtió en su sentencia, el peso de sus armaduras, aunque ligeras para el combate, resultó fatal en el agua, provocando que muchos se hundieran antes de tocar tierra. La victoria española tampoco fue gratuita, cobrándose la vida del capitán de la galera, Pedro Lucas, entre las primeras bajas en la campaña.
Batalla del Río Tajo
Una vez recompuesta, la flotilla española continuó su patrullaje por el río Tajo, nombre del río Grande de Cagayán, donde se hallarían los 18 champanes de Tay Fusa, quien había construido además fortificaciones en la desembocadura del río, contando en total entre 600 y 1000 hombres.
Carrión consiguió atraerles río adentro, lejos de sus posiciones ventajosas, y allí los dos combatieron a distancia durante horas, hasta que los cañones occidentales, más potentes y mejor manejados, se impusieron; se estima que cerca de 200 hombres de Tay Fusa resultaron muertos o heridos en el intercambio.
A partir de acá una pelea abierta ya con espadas (y katanas) y armas de fuego se desató (ya en tierra), en el que poco antes del fragor, y viéndose superados estratégicamente el cabecilla de los wokou pese a la ferocidad inicial decidieron negociar una rendición: a la cual Carrión se negó y les ordenó marcharse de Luzón.
Enfurecidos cientos de guerreros orientales dieron batalla para liquidar a las tropas oficiales, inclusive y sin nada que perder recurrían a la táctica de asir las astas de las picas para abrirse camino o hacerse con estas, por lo que los piqueros y alabarderos optaron por untar sebo en la madera durante las pausas entre las escaramuzas, a fin que resbalaran y fueran más difíciles de agarrar. Al final de la misma los españoles contabilizaron hasta una decena de sus bajas, y mucho más altas de entre los wokou por lo que éstos últimos emprendieron la retirada final. Aunque el valor de los orientales fue incuestionable, su derrota se fraguó en la brecha entre dos mundos militares. Mientras que la ligereza de sus armaduras les otorgó velocidad necesaria para una retirada desesperada, fue esa misma falta de protección sumada a la rigidez casi arquitectónica de las picas y el uso disciplinado del acero toledano lo que diezmó sus filas frente a un contingente español numéricamente inferior. Las bajas de los piratas así se contaron por cientos frente a una decena de soldados de la Corona, demostrando que en el tablero la tecnología europea y la veteranía de los Tercios habían encontrado la fórmula para prevalecer. Las katanas y corazas capturadas como trofeo no fueron solo restos de la batalla, sino símbolos del fin de la impunidad para la piratería en el Pacífico.
viernes, 20 de septiembre de 2024
Piratas
En la Antigüedad, Cilicia era la designación que se le daba a la zona costera meridional de la península de Anatolia, que ahora se conoce como Cukurova. Fue una entidad política durante la época de los romanos. El lugar habría aparecido por primera vez en documentos asirios, el lugar, se extendía tierra adentro desde la costa sudoriental de Asia Menor, actual Turquía, hacia el norte y noreste de la isla de Chipre, y comprendía alrededor de un tercio de la superficie de Anatolia. Esta región a su vez se dividía en dos regiones claramente distintas: Cilicia Pedias, la parte situada al occidente, más llana y con capital en Tarso y, por otro, Cilicia Traquea, la "áspera", más montañosa, boscosa y difícil acceso. Cilicia Traquea, nos abre las puertas a esta nota en la que, algunos de sus ciudadanos en el siglo I a. C. decidiera emprender la lucrativa profesión de la piratería, situación que le hizo darle esta notoriedad que perdura aún en estos días... aprovechando la lacustre, rupestre y difícil acceso para aprovecharse del Mediterráneo. A través de este litoral tal cual como indicó Plutarco: que, se valieron del caos de las guerras civiles romanas para "ya no solo atacar a los navegantes, sino también devastar las islas y las ciudades costeras". Si bien se sabe que sus acciones beneficiaron el comercio de esclavos, que para su época era extraordinariamente común, obvien el oxímoron implícito en la línea anterior a la última coma. Si bien ese comercio funcionaba, el mismo no fue tolerado en parte, ya que por ejemplo el senado acabó por encomendarle a Pompeyo su erradicación, es decir acabar con todos aquellos piratas que amenazaban la hegemonía romana futura.
Investigadores de la universidad de Akdeniz University (Antalya, Turquía), en la revista 'Journal of Maritime Archaeology' escribieron un artculo de dificíl traducción el cual habla de uno de de los hallazgos arqueológicos navales más impresionantes de las últimas décadas, habrían hallado un gigantesco astillero localizado por un equipo líderado por el Dr. Öniz en la isla de Dana. Esta isla, de apenas tres kilómetros de largo por uno de ancho emplazada de manera estratégica en el litoral de Cilicia Traquea. Este litoral debe entenderse era clave para unir occidente y oriente, y en la conexión entre Anatolia y Chipre. Este lugar fue codiciado a los largos de los siglos por diferentes personalidades y potencias como los Hititas, Neobabilonios... por mencionar un par, así el rey babilonio Neriglisar ordenó que se asaltara. Así mismo los persas también la invadirían dos siglos antes de recaeer a manos de Alejandro Magno. Pero el conquistador no fue eterno, y se pelió entre los reinos helenísticos sucesores antes de entrar Roma en esto. Según se ha datado este lugar habría estado en funcionamiento continuo bajo el dominio de todos estos poderes desde al menos el siglo VIII a.C. al VII d.C.
Este lugar ocupaba prácticamente todo el litoral noroeste de la isla, una zona bien cuidada, resguardada de los tifones, y alejada de los peligros de tierra firme, presuntamente frente de una costa anatólica desde donde eran transportados los cedros empleados en la construcción naval. Con sus 294 dársenas es el astillero más grande constatado arqueológicamente en el mundo antiguo. Los diques, excavados en la roca por sus constructores, contaban con el apoyo de unas estructuras de madera las cuales nunca han sido encontradas. Dichas dársenas no eran uniformes. Albergaban barcos de diversos tamaños, desde naves de 4 - 7 metros hasta 21 - 34 metros. Algunas se afirma poseían hueco para alojar a las gabarras empleadas para remolcar a las naves. Entre tanto, alguna sirvió como nave de ingeniería para reparar navíos de guerra con un espolón de bronce. También se ha encontrado en la zona: talleres, molinos y barracones para los constructores de naves y demás personal, pasando por establos, cinco iglesias, unas termas y 221 cisternas, además de recintos para animales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Bajo la sombra de Qianlong: Las sangrientas campañas Qing contra Birmania (DEFINITIVA)
Tras el rotundo fracaso de la campaña militar anterior por parte de las huestes del Gran Qing de China en Birmania, su maximo responsable, e...
-
En un páramo desolado únicamente rodeado de árboles de todo tipo, reina el poder Konbaung de Burma (Hoy Myanmar), entra colinas, bosques es...
-
La última superluna del año, conocida tradicionalmente como la Luna Fría, iluminó esta noche el cielo y ofreció un espectáculo astronómico v...
-
Esta fascinante historia parte como el primer encuentro documentado entre soldados hechos y derechos nipones y sus partes occidentales, est...













