viernes, 15 de mayo de 2026
Sangre en la bahía: El caótico debut de los portugueses en el Japón feudal
Esta fascinante historia parte como el primer encuentro documentado entre soldados hechos y derechos nipones y sus partes occidentales, esta historia no versa sobre piratas como en anteriores ocasiones, pero sí incluye los celebres samurái como eje central de las crónicas. Para entender la magnitud del desastre en Fukuda, hay que entender que estábamos ante un hito histórico: el primer enfrentamiento militar documentado entre europeos y japoneses. Nunca antes se habían cruzado las estrategias feudales de los daimyōs con el poder destructivo de los grandes galeones de ultramar para hacernos una idea. Para entender por qué la pólvora estaba a punto de estallar en la Bahía de Fukuda aquel verano de 1565, hay que mirar cuatro años hacia atrás, al puerto vecino de Hirado.
Hirado era el epicentro del comercio extranjero en Japón. Allí, el daimyō Matsura Takanobu se estaba haciendo de oro gracias a los barcos portugueses, que traían seda china y plata. Sin embargo, la convivencia parecía ser una bomba de tiempo. Resulta que los portugueses no solo pretendían comerciar sino que llevaban consigo a los misioneros jesuitas decididos a evangelizar. Pese a la idea popular del ostracismo del país, en las tierras del Japón Feudal ya germinaba la fé católica con grandes representantes como son el famoso misionero Francisco Javier (uno de los fundadores de la Compañía de Jesús) que había desembarcado en Japón para 1549. En el que se entiende según las crónicas ya en 1565, la orden llevaba 16 años picando piedra, aprendiendo el idioma, adaptándose a las costumbres locales y tejiendo alianzas inclusive con los señores feudales.
A Takanobu, un budista ferviente, no le hacía ninguna gracia que el cristianismo ganara fuerza en sus tierras, y la tensión escaló en 1561 cuando una violenta disputa en el puerto terminó con la muerte de varios marineros portugueses y un capitán. (Ello pese a que al principio el daimyō toleró la presencia de los religiosos).
La situación resultó cambiante cuando los religiosos comenzaron a destruir además imágenes budistas y quemar libros de sus templos. De esta manera se ordenó expulsar a los misioneros de Hirado en 1558 y se les prohibió regresar en cinco años.
En tanto los lusos, más precisamente sus capitanes vieron apto encontrar un puerto más seguro. Resulta que encontraron en Ōmura Sumitada un daimyo local de Yokoseura lo que necesitaban, sin embargo pronto se dieron cuenta que el sitio resultó hostil debido al desagrado de la mayoría a la nueva religión por lo que los vasallos de Sumitada se alzaron en armas y quemaron la ciudad.
El conflicto Ante el rechazo del capitán luso João Pereira, Matsura decidió llevar a cabo una acción punitiva contra los portugueses: Concertó una reunión con mercaderes provenientes de Sakai, que se hallaban decepcionados al no haber encontrado a los portugueses en Hirado, y les propuso una operación conjunta de saqueo, ofreciéndoles la mitad del botín conseguido en un ataque a la bahía de Fukuda si ellos les prestaban sus barcos para este cometido. Así diez buques de tamaño medio o sekibun, a los que se añadieron 60 de propias canoas de abordaje llamadas kobaya emprendieron acción. El contingente contaría con varios centenares de samuráis del clan Matsura a bordo, del que puso rumbo al punto de reunión en Fukuda. La aparición de la flotilla en el horizonte el 18 de octubre supuso, pues, una emergencia para el bando portugués que no dio crédito a reportes existentes. Los lusitanos confiados habían desembarcado y no podían volver a los buques, en la carraca sólo quedaban 80 tripulantes, menos de un tercio de su capacidad, acompañados solo por alguna cantidad de esclavos negros y de mercaderes chinos que iban de pasajeros. En la batalla los japoneses abordaron rápido la nave, en el que un samurái que escaló hasta la borda disparó un mosquetazo contra Pereira, impactando en la cabeza, el cual guardo la vida solo gracias a su capacete que resistió el impacto.
Solo en un momento frenético los nipones lograron llegar hasta la estancia del barco donde trataron de llevarse el escritorio del capitán del que incluso casi resulta capturado el mismo antes de los portugueses abordo acabaran con los atacantes. En esa oportunidad que los nipones se concentraron con la carraca los lusos optaron por flanquearlos con el uso del galeón del que éste descargó toda su artillería contra el contingente beligerante. La cantidad de soldados japoneses de Matsura los volvía blanco fácil a los potentes cañones europeos de la época los cuales causaron enormes daños incluidas las embarcaciones. Dos horas de intercambio de fuego después, se perdieron tres sekibun completos y más de 70 hombres al fuego enemigo, amén de más de 200 heridos, los japoneses rompieron filas y emprendieron la retirada. Victoriosos, los portugueses permanecerían en esa zona de Japón hasta noviembre, momento en que regresaron a Macao, China.
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