miércoles, 3 de junio de 2026

Historias de Macao: la Fugaz participación de los portugueses con los clanes Samurái



Nos remontamos a Moji, del Japón Feudal, sobre la actual prefectura de Fukuoka, allí, una fortaleza de las miticas tierras del sol naciente se erigia sobre una colina de 175 metros, para el poderoso clan Ōuchi, tras las Guerras Genpei (1180-1185) que enfrentó a los dos clanes con mucho más poderosos: los Taira y los Minamoto. 

Resulta que este castillo cayó en desgracia para sus creadores originales en 1557 con el desmantelamiento de los Ouchi y la muerte de su líder, por las pugnas y tensiones internas. Ouchi Yoshitaka, prefería el comercio con los lusos o portugueses así como las artes, como otras ramas antes que el conflicto por lo que fue traicionado por su principal general, Sue Harukata, quien liberó una rebelión armada contra su antiguo señor. Yoshitaka, murió al realizarse seppukku al verse acorralado en el templo Daitō-ji al intentar huir hacia la isla de Kyushu que no fue posible por las adversidades climáticas. 

El castillo de Moji pese a todo seguía en pie. Sin embargo y en un giro del mismo, el clan Mori terminaría aplastando a Sue Harukata y su ejército, ganando el territorio de los Ouchi restantes, por lo que, fue impuesto un líder titere a la cabeza del moribundo clan: Ouchi Yoshinaga. Quien era hermano de Ōtomo Sōrin, el señor del clan rival Ōtomo. 
Otomo Sorin. Al año siguiente, en 1558, el brillante general Kobaya Takakage marchó hacia el norte y capturó el estratégico Castillo de Moji. No tardaron los Mori que fortificaron de inmediato sus murallas, sabiendo que el clan Otomo intentaría tomarlo lo que detonaría en su eventual asedio de 1561. Yoshitaka había convertido su capital Yamaguchi en la "Kioto del Oeste", un refugio seguro para los comerciantes portugeses y los misioneros jesuitas, como lo es el conocido San Francisco Javier; tras el golpe por otro lado la ciudad fue saqueada e incendidada, obligando a los europeos a huir para salvar sus vidas.

Con el fin de hacerse con el castillo, Otomo Sorin ejecutó el ataque en alianza con una flotilla de comerciantes portugueses, los cuales proveyeron de hasta tres barcos de 500 toneladas y alrededor de 300 hombres en cada embarcación. El estruendo de la artillería portuguesa marcó el inicio de las hostilidades; un implacable bombardeo desde el mar que barrió las defensas costeras y despejó el terreno. Gracias a este devastador apoyo naval, el contingente del clan Otomo pudo avanzar con absoluta libertad, cercando los muros del castillo sin encontrar oposición alguna. 

El impacto de la artillería naval portuguesa fue decisivo para las fuerzas de Otomo, permitiéndoles asegurar posiciones y establecer un cerco efectivo alrededor de la fortaleza de Moji. Sin embargo, este apoyo crucial llegó a su fin cuando los navíos extranjeros, habiendo consumido todas sus reservas de pólvora y proyectiles, se vieron obligados a levantar el fondeo y retirarse de la escena del combate.

Al perder el amparo de la artillería naval, la ventaja táctica del clan Otomo se desvaneció rápidamente. Las fuerzas de Mori aprovecharon el momento para desplegar un contingente de refuerzo que, mediante una maniobra coordinada, consiguió quebrar las líneas de asedio y consolidar las defensas del bastión. En un último intento por revertir la situación, Otomo Sorin lanzó una ofensiva desesperada contra las murallas el 10 de octubre; sin embargo, el feroz contragolpe de los defensores repelió el ataque, obligando a los atacantes a levantar definitivamente el cerco y retirarse.

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