martes, 28 de abril de 2026

¡Persecución! El misterioso destino del pirata que desafió a Manila

Como mencionabamos en el anterior capítulo, el embate de la flota de Limahong explotó contra la ciudad y fortalezas hispanas en Manila (Filipinas) en el que se liberó una feroz batalla bastante épica entre ambos bandos, unos leales a la Corona y otros a su ambición, en el que el fragor del encuentro se libró con el "perro de guerra" de Limahong, Shogo, que perdio la vida en los combates, además de alrededor de 70 bajas occidentales. Mientras Limahón saqueaba Parañaque y huía hacia el norte, Salcedo reforzaba Manila ante posibles ataques. Un falso aviso de desembarco resultó ser solo lugareños desvalijando cadáveres de piratas. Aprovechando la retirada enemiga, el gobernador Lavezaris inició reparaciones y convocó refuerzos de Panay, Camarines y Cebú para sofocar disturbios en Tondó y Mindoro. Por su parte, Salcedo logró que el caudillo Lakandula depusiera las armas y liberara a religiosos torturados. Como recompensa por su lealtad, el caudillo Galo recibió el título de don, honor que hoy perdura en el nombre del barrio Don Galo en Gran Manila. A la caza del pirata Ahora con la iniciativa en manos españolas, la flota del caudillo chino habría sido ubicada en su repliego a la altura del río Agno de Pangasinán, en la zona central-norte de la isla (Luzón). Ahí se habrían hecho llegar mensajeros para alertar de su presencia. El señor de la guerra por su parte había instalado su asentamiento en una isla del río, esparciendo propaganda sobre una supuesta victoria sobre los españoles y prometiendo falsamente a los nativos un gobierno sin tributos y tratos comerciales con China (esperaba desatar una rebelión en las islas circundantes).
El emperador Kangxi en una gira, a bordo de un junco, siglo XVIII. Mientras Limahón vendía la idea de ser un "liberador" o un socio comercial próspero, la realidad es que la Flota de Guangdong (Cantón) lo buscaba para ajusticiarlo. Tres meses después, en marzo de 1575, Lavezaris emprendió la esperada expedición para expulsar a Limahon de Pangasián con todas las fuerzas disponibles posibles: Contaba ya con una flota de 60 barcos, tripulados por 250 soldados, 400 marineros y 1700 aliados indígenas, entre los que se contaban algunos guías lugareños descontentos con Limahon. Tras cuatro meses de un asedio asfixiante en Pangasinán, donde el hambre parecía el único vencedor, el destino de Limahon alcanzó su punto de quiebre. El pirata, atrapado entre las cadenas de Salcedo y la implacable oferta del emperador Wanli —quien le exigía sumisión o exterminio—, optó por la audacia del desesperado. En una noche de sombras, huyó por un canal excavado en secreto, sacrificando a sus heridos para ganar el mar. Cuyo rastro se perdió finalmente entre las tormentas del cabo Bojeador; allí, mientras los rayos iluminaban por última vez sus velas improvisadas, el pirata se desvaneció en la inmensidad del norte, dejando tras de sí un asentamiento en cenizas y una leyenda que aún resuena en las costas de Luzón.

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