martes, 28 de abril de 2026

Sin Retorno: El Desembarco Suicida de Limahong en Manila

Corría la madrugada del 2 de diciembre y la flota del celebre pirata chino Limahon había sido avistada llegando a Manila en Filipinas tras ser repelida en fuertes enfrentamientos entre los soldados del caudillo y las fuerzas de la Corona española, pero, esta vez se esperaba quizá un ataque más tenaz por parte del oriental que contaba a su disposición una ciudad entera flotante. De acuerdo con las crónicas de la época, unos primeros intercambios de fuego de cañones se sucitaron al paso del alba en las costas de la isla de Luzón; en el que las naves del pirata fondeó y los soldados de Shogo, desembarcaron contando a saberse con 1,500 combatientes. Se narra que los botes que les llevaron hasta tierra fueron mandados de regreso hacia la mar para evitar cualquier tipo de retroceso. Tras incendiar las construcciones costeras a su paso y destruir la iglesia de San Agustín, la fuerza invasora se dividió en tres para atacar la fortaleza hispana por otras tantas direcciones, esperando atraer fuera a los españoles para flanquearles. En una pensada audaz por parte del Gobernador General de Filipinas Guido de Lavezaris, prohibió a los soldados que salieran de las fortalezas ante la insistencia de los Wokou, aun cuando la flota china reposicionó para asistir a Shogo, en vez ordenó se limitaran en causarles el mayor daño posible desde sus posiciones. Al verse frustado, Sioco, optó por iniciar el asalto él mismo.
El combate pronto se volvió encarnizado en las fortificaciones, donde también colaboraba el mismo alcalde de Manila, Francisco de León.
Lantaka de doble cañón. Pequeños cañones de bronce, generalmente de carga de recámara o de avancarga, que se montaban sobre pivotes. Eran armas extremadamente populares en el Sudeste Asiático (especialmente en lo que hoy es Filipinas, Indonesia y Malasia) mucho antes de que los españoles consolidaran su dominio.
Mapa de las Islas Filipinas. Una de las bajas españolas confirmadas en ese momento se trató del alférez Sancho Ortiz, quien fue abatido de un arcabuzazo al estar rodeado, con lo que su baluarte fue tomado y se generó un acceso a la ciudad. Acceso y bajas las huestes de Sioco así desataron el caos en las calles. Sin embargo, no todo estaba perdido, pues la marea se equilibraría cuando Juan de Salcedo y Amador de León encabezaron un feroz contraataque, justo cuando la artillería pesada española lograba finalmente silenciar las lantakas y cañones de la flota de los Limahón. En el fragor del choque, León entregó su vida, pero el golpe de gracia para los invasores llegó poco después: un tirador español abatió al mismísimo Shogo. Con su comandante muerto y la vanguardia descabezada, la voluntad de los atacantes se quebró. En este punto de inflexión, fue crucial la intervención de la milicia nativa liderada por Galo, cuyos guerreros lucharon con tal denuedo que su valentía fue fundamental para expulsar definitivamente a los invasores de los muros de la ciudad. Caos en la Ciudad el caos por otro lado estalló en la retaguardia, creyendo inminente la caída española, grupos de indígenas saquearon Manila y una masa de esclavos intentó una huida desesperada por el río Pasig, que terminó en tragedia y ahogamientos. Las mismas se extendieron hasta Tondo y Mindoro, donde los habitantes asaltaron las iglesias y capturaron a religiosos: Estos rehenes no eran solo prisioneros sino que planeaban entregarlos directamente a Limahon como tributo y salvoconducto, asegurando así su favor ante el nuevo orden que parecía avecinarse con la victoria oriental.
Batalla de Manila. Reseña histórica, Caro y Mora, 1898. Comprobando que las fuerzas invasoras flaqueaban sin sus líderes, Salcedo organizó una salida y consiguió empujarles con autoridad hasta la playa, pero debieron regresar cuando Limahon llegó con varios buques a proveer de refuerzos a las tropas. Aunque los piratas desembarcaron a otros 400 soldados y llamaron a una de las tres columnas de Shogo, que se había mantenido en las marismas apartada del combate, éstos ya no disponían de iniciativa para volver a la carga y decidieron por ello mantenerse cercanos a las costas. Limahon ordenó que se concentraran en saquear lo que pudieran, incendiando al menos dos navíos embarrancados, en la misma cayó sobre ellos en plena galima, es decir, fueron presa de asaltos al realizar los pillajes. El pirata chino ordenó finalmente la retirada de vuelta a la flota, que se saldó con otra violenta persecución, donde, 70 cadáveres españoles quedaron en la ciudad junto con cerca de 400 asiáticos.

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