El contacto entre españoles (primeros europeos) y el "nuevo mundo" como lo conocen muchos partió de varias caoticas acciones emprendidas en lo que hoy se conoce como las costas de Yucatán. A saberse estos primeros intentos resultaron infructuosos, desde naufragios pasando por desembarcos y una fuerte oposición de los "indios" como eran llamados, así mismo, algunos contactos más benevolentes que narraron a los españoles tierras vastas y ricas de un imperio en el interior (el Imperio mexica).
En detalle el primer intento de conocer aquellas inexploradas tierras al norte de la Española, la primer y más conocido asentamiento español en este Nuevo Mundo, se trató de un desafortunado naufragio quien fue sufrido por un tal Gerónimo de Aguilar y demás tripulación, que se diriguian desde las actuales tierras panameñas hacia Santo Domingo tras una misión en la que se fundaría Santa María de la Antigua del Darién en 1510.
Con todo la tripulación partió de las costas panameñas, con Gerónimo de Aguilar, un importante fraile católico, Gonzalo Guerrero, un marinero y arcabucero, Blasco Núñez de Balboa (Valdivia) Valdivia era regidor de Santa María la Antigua del Darién y viajaba enviado por Vasco Núñez de Balboa para llevar oro e informes sobre los descubrimientos en el Darién al gobernador de La Española, Diego Colón y al menos 18 marineros y soldados, además de dos mujeres que iban como pasajeras.
Pero la naturaleza tenía otros planes, el barco en el que se transportaban se enfrentó a una gran tormenta de acuerdo con Bartolomé de las Casas:
"Pero atajó Dios los pasos de Valdivia, y a los demás dio a entender, si de entenderlo fueran dignos, las obras que hacían, ser de todo fuego eterno dignas, porque embarcado Valdivia en la misma carabela en que había venido e ido, se hundió con su oro y con sus naves en unos bajos o peñas que están cerca o junto a la Isla de Jamaica, que se llaman las Víboras".
Del mismo unos pocos supervivientes llegaron a la costa oriental de la península de Yucatán a través de un batel. Ahí tuvieron un primer acercamiento con los mayas Cocomes, pero que resultaron ser muy agresivos. En estos primeros acercamientos perdería la vida el propio capitán Valdivia al intentar defenderse de los nativos, igualmente, el resto de supervivientes exceptuando Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero.
Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero: Ambos siendo capturados por los mayas, Aguilar, se mantuvo fiel a sus costumbres y sirvió como esclavo, mientras que Guerrero se integró completamente a la cultura maya, casándose y convirtiéndose en un jefe militar local (considerado el «padre del mestizaje»).
Ruinas de la Iglesia en Oxtankah, Chetumal, Quintana Roo, hoy México.
La primera expedición oficial (sin saberlo) tanto a la civilización maya como mexica llegaría con Francisco Hernández de Córdoba en 1517, en este caso la misión conocedora de estas zonas inexploradas saldria directo desde Cuba, la cual además bordearía la península. En este caso si bien existen algunas versiones distintas en las crónicas, se sabe por medio de las mismas algunos puntos clave que idearon los exploradores españoles de la época para con la región, entre ellas, que salió en febrero de ese mismo año, cruzaron el canal de Yucatán y llegaron con cierto desconocimiento a Ekab al noreste de la región, importante nodo político-administrativo maya.
Tras ajustar su navegación un poco más al sur avistaron tierra; desde allí probablemente en marzo cinco canoas fueron vistas tripuladas por remeros mayas que se acercaron a los navegantes. Tras esto se sabe desembarcaron en la localidad de Catoche, siguieron al oeste rodearon Punta Boxcohuo y finalmente llegaron a Campeche.
A partir de acá lo que encontraron los dejo perplejos: Grandes edificaciones de piedra. A diferencia de las chozas de madera y paja que conocían en las Antillas, frente a ellos apareció una ciudad poblada, con pirámides de mampostería, templos e infraestructuras de piedra blanca.
Francisco Hernández de Córdoba.
A la misión de Córdoba sin embargo pronto llegarían problemas, cuando acostumbrados al buen trato dado en localidades como Punta Mujeres o Catoche (en el norte) al sur los indigenas les hicieron saber que no eran bienvenidos con lo que sin embargo estos hicieron caso omiso y bajaron de los barcos al necesitar de agua dulce. La tensión se respiraba en el aire con la mirada atenta de los mayas del lugar, con lo que tras una noche allí los hombres despertaron con la mirada atonita ante indigenas vestidos con prendas ceremoniales de batalla. Llevando prendas de algodón hasta sus rodillas, arcos, flechas, lanzas y escudos, entre otros artilugios de guerra.
Tambores de guerra sonaban ante el preludio del conflicto de dos mundos, andanadas de flechas y piedras le siguieron desde basicamente todos lados: hostigados por los guerreros, el propio Córdoba resultó herido tras varios minutos del enfrentamiento, el capitán al ver la cantidad de bajas entre muertos y heridos como capturados ordenó la retirada.
Al escapar no se libraron inmediatamente de los belicosos mayas sino que muchos les persiguieron incluso mar adentro. Las bajas a saberse costarían: 55 hombres muertos, 2 capturados, 52 heridos.
Por otro lado el bergatín que transportaban terminó incendiado ante no haber marineros u hombres necesarios para navegarlos junto a al menos dos carabelas. Pronto regresarían a Cuba ante el corto pero agotador viaje a las inexploradas Yucatán.
PARTE 2 (La llegada de Cortés, las alianzas y el viaje a Tenochtitlan):
Tras los anteriores contactos y violencia entre indigenas y europeos, le siguió al menos un intento más por parte de Juan de Grijalva (1518), el que se puede resumir que recorrió Cozumel, rodeó la península y avanzó por las costas de Tabasco y Veracruz; en este caso, sin embargo, entabló los primeros contactos pacíficos con grupos locales y escuchó por primera vez hablar de la existencia de un vasto y rico imperio en el interior (Mexica).
Esto último que llegó a oidos de otros exploradores como son el famoso Hernán Cortés entre muchos otros españoles de esa época pero que finalmente este último dejaría huella en la historia por cambiar el rumbo de buena parte de mesoamerica para siempre.
La conquista del Imperio mexica se emprendió a la salida del contingente español de Santiago de Cuba el 18 de noviembre de 1518.
Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba, había nombrado a Cortés como capitán de la tercera expedición hacia las costas del continente (tras las de Hernández de Córdoba en 1517 y Grijalva en 1518). Sin embargo, receloso del carácter ambicioso de Cortés y temiendo que se independizara de su autoridad, Velázquez decidió revocar la comisión a última hora.
Tras completar el reabastecimiento en la costa occidental cubana, la expedición de 11 naves y poco más de 500 soldados zarpó definitivamente rumbo a Cozumel en febrero de 1519.Mucho antes que estos avistaran la cuenca, en Tenochtitlan ya se conocía la presencia de los hombres blancos y barbados gracias a las noticias que circulaban desde las costas del Caribe y Yucatán. Cuando finalmente los castellanos contemplaron la capital mexica —que los indígenas describían como una soberbia metrópoli lacustre de amplias calzadas, templos monumentales y mercados vibrantes como Tlatelolco—, la fascinación mutua dio paso a la inevitable tensión a punto de colisionar.
Cortés y sus tropas ingresaron así pacíficamente a la gran ciudadela mexica en noviembre de 1519. Para asegurar su posición ante la abrumadora superioridad numérica indígena, los españoles alojaron a su ejército en el palacio de Axayácatl y tomaron al emperador Moctezuma II como rehén bajo arresto domiciliario.
Meses después, Cortés debió abandonar la ciudad a toda prisa rumbo a la costa para enfrentar a Pánfilo de Narváez, quien venía arrestarlo por orden del gobernador de Cuba. En Tenochtitlan quedó al mando Pedro de Alvarado, un capitán impulsivo que, dominado por la paranoia y la desconfianza de un levantamiento inminente, malinterpretó los preparativos de una gran fiesta religiosa mexica.
Durante la celebración del festival de Toxcatl, Alvarado ordenó bloquear las salidas del recinto sagrado y masacró a cientos de nobles, sacerdotes y jóvenes jefes militares mexicas que bailaban desarmados. La atrocidad provocó la indignación total del pueblo: la masa se levantó en armas de inmediato, cercó el palacio hispano y cortó el suministro de agua y alimentos, desconociendo la autoridad de Moctezuma.
Al regresar Cortés, la situación era insostenible.
En el descontrol de los combates, Moctezuma murió (apedreado por su propio pueblo). Sin liderazgo moderador y bajo el mando del nuevo tlatoani Cuitláhuac, los mexicas acorralaron a los invasores, obligando a Cortés a huir en secreto bajo la lluvia la madrugada del 30 de junio de 1520. La huida por la calzada de Tacuba se convirtió en una masacre para los españoles y sus aliados (la "Noche Triste"), perdiendo la mitad de sus hombres, armas y el botín. Siendo éste uno de los épisodios más trágicos de la campaña hispana tanto por la perdida drámatica de hombres como de la riqueza conseguida en varios meses en las aguas de la ciudadela maya.
Tras la batalla de Otumba, los mexicas enviaron al menos seis emisarios a los aliados de Cortés, los tlaxcaltecas para que deponieran las armas a cambio de paz y a cambio de la entrega de Cortés y sus hombres pero estos declinaron de la idea al ser fuertemente humillados y violados por los mexicas antes de las llegadas de los españoles. Guardando un fuerte resentimiento ante sus antiguos amos.
Con todo esto las maniobras castellanas y tlaxcaltecas siguieron en pie de guerra ante las deliberadas hostilidades mexicas y pronto tomarían venganza.
PARTE 3 (El sitio a Tenochtitlan)
Con todo la hora cero estaba marcada, el encuentro definitivo entre dos superpotencias del siglo XV se libró ante la determinación del tenaz pero despiadado Hernán Cortés y el aún poderosísimo tlatoani Cuauhtémoc: en un primer preparativo los extremeños construyeron hasta trece bergantines cañoneros, por su parte el líder mexica rechazó todas las propuestas de paz o rendición enviadas desde Cortés, organizó la defensa de las calzadas, ordenó romper las carreteras sobre el agua para bloquear a los caballos y coordinó las emboscadas de canoas contra las naves españolas.
Los navios hispanos se ensamblaron rápidamente en la base aliada de Tlaxcala a supervisión del maestro armador Martín López mientras que Cortés recibía en Veracruz al menos tres barcos de suministro.
Los mexicas enfrentaron dentro de la ciudad una epidemia de peste y una inestabilidad política en curso a causa de la crisis de los extranjeros; con todo Cuauhtémoc se vio imposibilitado de mandar a sus huestes de elite (alrededor de 20, 000 mil guerreros) para impedir la expansión enemiga en el imperio.
Algunas de las cuales habían caído derrotadas por soldados y la mounstrosa cantidad de aliados españoles que fortaleció la moral entre las mismas.
El capitán español habría hecho saber a Cuauhtémoc que la mayoría de territorios estaban ya en su poder y que Tenochtitlan estaba aislada, cosa que no hizo cambiar de opinión a sus defensores.
Pese a ello en la toma de uno de sus últimos feudos, Xochimilco, Cortés fue derribado de la montura de su caballo en medio de las fuertes trifulcas con lo que fue capturado y por poco salvó su vida de la muerte, al ser rescatado en la que repelieron a 17,000 mexicas y aliados.
Alrededor de 1,300 soldados españoles, con 100 caballos, y aprox. 200 000 guerreros de los señoríos Tlaxcala, Texcoco, Totonacapan, etc., enardecidos llegaron a las puertas de la ciudad convertida en una autentica fortaleza.
Allí los esperaba sin embargo una resistencia feroz y suicida 'fanatica' contra los invasores, por ejemplo, se narra que los mexicas defensores contaban con artilugios tan sofisticados como pinchos de guerra hechos con las mismas armas occidentales capturadas en enfrentamientos previos y empleadas contra los mismos sitiadores que resultaban especialmente temidas en el campo de batalla urbano.
En un primer movimiento, las fuerzas al mando de Alvarado trataron de cortar el suministro de la ciudad flotante desde Chapultepec, pero, en su camino encontraron tropas enemigas que pronto armó una escaramuza en que españoles y tlaxcaltecas se detuvieron en seco en su cometido con atacantes acozándoles desde canos y tierra firme. Ahí mismo pronto toparon con varios cientos de canoas enemigas que sin embargo pudieron ser repelidas por el clima que les resulto favorable.
Las tropas sitiadoras descansaron en los puentes de la ciudad poco antes de la embestida final, atacando a las naves indigenas que les amenazaban; en un ataque guerrillero sin embargo los defensores lograron neutralizar a Juan de la Portilla y Pedro Barba junto con gran cantidad de indigenas aliados.
Tras descubrise una segunda afronta sorpresa el capitán español ejecutó un ataque de venganza que se saldó con varios defensores muertos y prisioneros; en la fecha que coincidió con la festividad de San Juan, Cuauhtémoc ordenó a sus guerreros marchar contra los tres campamentos enemigos a la vez, ante la poderosa embestida Alvarado liberó apresurado una carga de caballería en el puente del Lago de Texcoco.
Alvarado, salvó la vida al verse acorralado por botes enemigos junto a ocho jinetes más pero cinco resultaron capturados vivos por los mismos y se sabe, fueron llevados a los templos cercanos donde perecieron sacrificados y cuyo tormento se dice pudo ser visto y escuchado desde atrás en la línea española. Al menos 60 españoles más resultarían capturados y sacrificados poco tiempo después en los intentos tanto del lado mexica como el hispano.
La guerra psicologica también hizo su parte ya que el Imperio mexica moribundo hacia gala aún de sus conocidos sacrificios ahora no con los pueblos indigenas subordinados sino ante aquellos hombres blancos, barbados y acorazados venidos en barcos. Se narra, las noches vieron sucumbir a varios pobres hombres cuyos miembros (cabezas, manos, pies y pieles) eran arrojados desde lo más alto de las imponentes construcciones, incluso, lanzados a sus campamentos.
Bernal Díaz del Castillo llegó a describir:
"También quiero decir que no comían las carnes de sus mexicanos, sino eran de las nuestras y tlaxcaltecas que apañaban, y no se ha hallado generación en muchos tiempos que tanto sufriera la hambre y sed y contínuas guerras como estas".
Los cristianos tomaron por costumbre de dar gracias a Dios por cada día de batalla al no ser capturados y pasar por este suplicio. Por otro lado, algunos aliados de los españoles abandonaron la batalla al no ver avances risibles en ninguno de los bandos pero se dice que no cambiaron su apoyo. Tras este punto muerto Hernán Cortés decidió cambiar de estrategia y ordenó el descansar a las tropas para en cambio optar por dejar que los suministros de Tenochtitlan menguaran.
Así mismo levantó fortalezas defensivas con los escombros de pueblos cercanos destruidos adrede para lanzar ataques lejanos a los mexicas. También, los ingenieros de Cortés hallaron la manera que los bergantines pudieran maniobrar libres dentro de las aguas de los lagos.
Más temprano que tarde el hambre hacia de las suyas dentro de la urbe, con lo que se ejecutaron ataques repentinos y desesperados para romper el cerco aunque resultaron infructuosos. La situación dentro de la misma se hizo crítica tanto por la hambruna como por las pestes, por lo que las tropas leales a Cuauhtémoc comían cualquier cosa con la que poder sobrevivir.
El golpe de gracia llegó tras el envío de importantes recursos desde Vera Cruz, las tropas de Cortés envalentonadas se lanzaron al todo por todo a la ciudad: Aprovechando el momento más favorable, Cortés dio la orden del asalto final general y movilizó a las fuerzas de los tres campamentos con el objetivo directo de capturar el Señorío de Tlatelolco.
La compañía de Alvarado llegó primero: capturó el baluarte mexica e izó la bandera castellana en la cima del templo principal. Por su parte, las tropas de Cortés y Sandoval se le unieron tras cuatro días más de intensos combates dentro de cada pasaje y calle de la urbe.
Los defensores presentaron buena resistencia de guerra urbana pero poco a poco retrocedieron ante el agotamiento tras lastrar a los ocupantes y finalmente resultarían vencidos. Otros pocos antes de la derrota, retrocedieron pero por su parte mataron a tantos prisioneros como pudieron. Se habla que hubo crimenes de todo tipo por ambos bandos en los que las propias tropas entrantes mataron también a cuya población viva encontrara. Sin embargo, se narra Cortés había dado órdenes a los aliados indigenas de no excederse, pero como pasa con la enorme cantidad de efectivos muchos esfuerzos fueron completamente en vano.
A palabras del mismo Hernán Cortés:
"Nuestros amigos llevaban este día grande robo y crueldad, la cual yo quisiera remediar, mas no estaba en mi mano, porque éramos más de ciento y cincuenta mil hombres y nosotros los españoles no podíamos reprimir a nuestros amigos para que no hiciesen tanta crueldad... Nunca fue vista ni oída tan fiera crueldad como en los naturales de estas partes se usó".







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