lunes, 14 de septiembre de 2026

Antes de los dinosaurios: la era dorada en la que las salamandras eran del tamaño de cocodrilos



Existió un momento sobre la faz de la tierra en que los mayores depredadores no eran ni reptiles, ni mamíferos carnivoros, ni siquiera los famosos dinosaurios del Cretácico, sino que se trataban de anfibios. 

Sí, las pequeñas criaturas generalmente inofensivas que podemos ver en nuestros patios de nuestras casas hasta estanques o ríos, por mencionar algunos, donde habitan estos pequeños pero con una historia extraordinaria tras de sí.  

Entre algunos de estos ejemplares modernos podemos mencionar las: Ranas, Salamandras, tritones, cecilias, entre una infinidad de especies por cada una. Habitan prácticamente en todo el mundo con la excepción de los polos por el frío extremo.

Pese a la diversidad actual, como mencionabamos y explicaremos, antes tuvieron un periodo de gloria absoluta donde fueron los reyes absolutos con mucho. Esta se llamó "Carbonífero" (comienzo) hace más de 350 millones de años, cuando la tierra era extremadamente rara a todo lo visto, donde persistían pantanos donde las aguas calidas de los mares formaron los denominados "Pantanos carboníferos" en las amplías zonas ecuatoriales, donde sabras albergaban a animales tales como insectos y por supuesto, anfibios. Los cuales evolucionaron en ese momento del Carbonífero y fueron los mayores depredadores, con por ejemplo los 'Temnospóndilos' un infernal anfibio que medían desde 30 cm hasta 10 metros de largo. Su cráneo de acuerdo a fósiles preservados exhibía una forma triangular con ornamentaciones que sugieren un estilo de vida acuática. Poseían dientes cónicos muy duros y exhibían colmillos palatales de depredadores. 



Los paleontólogos apuntan hoy día que estos animales anteriormente estaban adaptados en la vida terrestre de aquellos pantanos, sin embargo, ya conservaban habitos acuáticos relacionados a sus procesos reproductivos (Reproducción, Desove, puesta huevos).

Edops (Nombre científico: Edops craigi) es un género de anfibio temnospóndilo primario que vivió a finales del Carbonífero y principios del Pérmico. De hecho, su nombre significa "cara de comelón" (o glutton face), ejemplo perfecto de depredador que era.


Con casi 2 metros de longitud y un cráneo masivo, ancho y rugoso, Edops representaba a la primera gran ola de anfibios carnívoros que dominaron las cuencas fluviales y los pantanos. A diferencia de las salamandras modernas, sus mandíbulas estaban armadas con hileras de dientes afilados e incluso colmillos palatales adicionales en el techo de la boca, diseñados para atrapar y no dejar escapar peces continentales y otros anfibios más pequeños. 

Emboscaba en aguas poco profundas, posicionándose como uno de los verdaderos "punteros" en las cadenas tróficas previas al auge de los reptiles.

Sobre el paraíso húmedo a la prueba de fuego. Hace 300 millones de años, la Tierra cambió drásticamente. Los densos y cálidos pantanos del Carbonífero, el hogar perfecto para los primeros anfibios, comenzaron a desaparecer para dar paso al Pérmico, una época más cálida, seca y dominada por el crecimiento del supercontinente Pangea.

Sin embargo, lejos de rendirse ante la aridez, los anfibios vivieron su auténtica "era dorada" obligados a adaptarse o morir, desarrollaron un abanico de formas asombrosas: desde gigantescos acorazados de río y caminantes con velas solares, hasta verdaderas rarezas capaces de adentrarse en el mar.

Otro gran depredador anfibio muy peligroso para la época trato del conocido Eryops, que bien simboliza el pico de adaptación hacia la vida semi-terrestre en el Pérmico Temprano. ¿Quién era por su parte esta criatura? Eryops megacephalus (que significa "cara alargada grande") fue un anfibio que vivió hace 295–272 millones de años el cual destacaba por medir desde 1,5 y 2 metros de largo comparable a caimanes de tamaño medio, que a difefencia de por ej. Edops reclamó las orillas de todo cuerpo de agua, poseía una estructura física más robusta y pesada, siendo ecológicamente comparable a los cocodrilos, pero siendo posiblemente más agil fuera del agua.

A diferencia de los anfibios más antiguos, la columna de Eryops tenía vértebras fuertemente entrelazadas y costillas robustas; esto soportaba su cuerpo pesado contra la gravedad fuera del agua sin que sus pulmones colapsaran.

Su cabeza representaba casi una tercera parte de todo su cuerpo. Tenía también un tímpano bien desarrollado en la parte posterior del cráneo, lo que le permitía detectar vibraciones sonoras tanto en el aire como en el agua. Capturaba a sus presas: Peces, pequeños tetrápodos y reptiles primitivos mediante emboascada.



Entre otros ejemplares peculiares del género: Platyhystrix (un pariente cercano de los dissorófidos), el cual poseía una llamativa vela dorsal a lo largo de su espalda. A diferencia de sus parientes armados únicamente con placas óseas, las espinas de sus vértebras se alargaron verticalmente y estaban recubiertas por una membrana de piel rica en vasos sanguíneos. Esta estructura le servía para absorver calor rápidamente al sol por las mañanas y regular su temperatura corporal en los ambientes cada vez más áridos del Pérmico Temprano. 

El Triásico. Tras sobrevivir a la mayor extinción masiva de la historia, los temnospóndilos despertaron en el Triásico enfrentando un planeta árido y dominado por reptiles cada vez más ágiles. Expulsados de tierra firme, nuestros protagonistas convirtieron los ríos y océanos en su última fortaleza: desde depredadores gigantescos de emboscada como Mastodonsaurus, hasta audaces pioneros marinos como Aphaneramma. Un cierre extraordinario para el linaje que dominó el mundo mucho antes de la llegada de los dinosaurios.

Como hemos mencionado, existieron temnospóndilos típicos anfibios hasta algunos que ocuparon nichos ecológicos similares a cocodrilos, pero pese a ello, además existieron formas completamente acuáticas, muy raras como son: trematosáuridos, específicamente del género Aphaneramma.

Esta criatura es una absoluta rareza: fue uno de los poquísimos anfibios en toda la historia de la Tierra que logró adaptarse por completo a la vida en el mar. Es decir, no se limito a sus compañeros de aguas dulces y costas sino que migró a una vida básicamente marina. 

En perspectiva hoy, el agua salada es el peor enemigo de los anfibios, ya que su piel permeable absorbe la sal y los deshidrata en un santiamén. Sin embargo, en el Triásico Temprano, hace 247 millones de años, Aphaneramma rompió todas las reglas y se lanzó a conquistar esos océanos.

Aunque conservaba sus cuatro patas, su cuerpo era sumamente alargado, y se impulsaba principalmente mediante movimientos ondulados de su cola, de forma muy parecida a los cocodrilos marinos o los primeros reptiles marinos.


Así pues la "Era Dorada de los Anfibios" no se limitó a los pantanos, sino que ¡también tuvo sus propios "monstruos marinos"!. Una absoluta locura si pensamos que hoy son tan diminutos e inofensivos.




















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