Corria hacia la década de 1870, en el que el Caribe enfrentaba para ese momento un problema cuando menos simple, una plaga de ratas que devoraban y arruinaban las cosechas. Bajo esta premisa dueños de plantaciones de caña de azúcar se veían vulnerados para con sus plantaciones, por lo que desesperados y sin ninguna aparente solución al problema, optaron con una solución radical: decidieron el importar desde la India a un pequeño depredador que creyeron resolvería el problema de las próblematicas ratas, se trata de la mangosta india (Urva auropunctata).
Los terratenientes en su momento pensaron que podría ser una excelente alternativa a las plagas terrestres, sin embargo, bajo el prisma actual caemos en cuenta que fue una apuesta sumamente arriesgada. Puerto Rico así se convirtió en una de las primeras en adoptar al mamífero carnivoro.
Lo que es menester mencionar en la actualidad la industria azucarera básicamente desapareció de la isla bien entrados los 2000. Lo que sí quedó fue el animal, y con ello, muchos problemas.
Las mangostas se convirtieron en una agresiva especie invasora.
Si bien en las décadas anteriores la industria azucarera fue el principal motor de la economía puertorriqueña, debemos entender que las plagas representaron el principal desafío o pesadilla a sus sembradíos; con lo que parte de este sector trajó consigo a pequeños ejemplares que ayudarían a controlarlas por completo. Es decir, el depredador haria cualquier trabajo humano desde el nucleo biológico depredando a los roedores.
Sobre el papel desde luego fue una gran apuesta, pero en terreno la cosa se puso seria, cuando pronto se dieron cuenta que los ejemplares introducidos comenzaron en multiplicarse y dispersarse en la isla, y jamás resolvieron el problema per se: en su lugar ahora ellas se unieron a una nueva plaga.
La razón fundamental por lo que las mangostas no dieron caza a las ratas fue tan sencilla como que las mangostas indias son de habitos diurnos, mientras que los roedores son de habitos principalmente nocturnos. Por lo que las ratas siguieron diezmando las plantanciones mientras las mangostas azotaron la fauna local.
Ahora sin embargo, ya la grave problematica del país caribeño se irradia además con el riesgo humano quizá para algunos el más risible, ya que estos animales pueden infectarse con la temida enfermedad de la rabia. Cosa que sean muy agresivas de interacturar con las mismas deriva en casos humanos los cuales no son pocos, según datos de los CDC: La mangosta representa aproximadamente el 70% al 75% de todos los casos de rabia animal confirmados en Puerto Rico.
Los CDC estiman que más del 80% de las mangostas que entran en contacto o atacan a personas/mascotas en la isla dan positivo a rabia.
Las autoridades de salud estiman que ocurren en promedio ~280 mordeduras de mangosta al año a personas en Puerto Rico.
Por ejemplo, en 2014 se registraron oficialmente 75 mordeduras documentadas de mangostas, de las cuales ninguna derivó en fallecimiento solo a la administración oportuna de la profilaxis post-exposición (vacuna y anticuerpos).
Como antecedente histórico de esta grave enfermedad zoonótica en la isla fue la de un hombre de 54 años del sureste del país que según las versiones se habría infectado cuando fue atacado por una mangosta mientras limpiaba un gallinero, sin embargo, no busco atención médica, semanas después comenzó con sintomas de fiebre, dificultad para tragar, hormigueo, entre otros sintomas neurológicos.
Ante la gravedad fue llevado en estado crítico a un hospital pero posterior falleció tras un ataque cardíaco. Pruebas post mortem confirmaron la presencia de rabia en su cuerpo. Sería la primera muerte cofirmada por la mordedura de la mangosta india en dicho país.
En la década de los 50, se documentó en Puerto Rico el primer gran brote de rabia confirmado en laboratorios dentro de las poblaciones de mangostas. Con lo que tras varias décadas el virus encuentra su principal reservorio en estos animales silvestres de tierra firme, en mayor medida, con la presencia compartida en la región de reservorios del virus en otros animales, como son los murciélagos.
Que éstos últimos cabe acotar no se les debe satanizar, ya que muy pocos de estos especimenes, principalmente hematófogos son los vectores de la rabia. Pero ante cualquier riesgo de mordedura o sospechas de la misma o rasguños también se debe acudir de inmediato a algun centro hospitalario.

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