martes, 23 de junio de 2026

Historias de Macao: El único gran choque de titanes occidentales en China

A principios del siglo XVII, el estuario del Río de las Perlas era el epicentro de una riqueza que desafiaba la imaginación. Macao, bajo el control de la Corona portuguesa, se había convertido en la llave dorada que abría el codiciado comercio entre el Imperio Ming y Japón. Sin embargo, tanta opulencia no tardó en atraer tormentas. Mientras Europa se desangraba en la Guerra de los Ochenta Años, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) puso sus ojos en la joya lusa del Lejano Oriente. Lo que siguió en junio de 1622 no fue una escaramuza más; fue un enfrentamiento sin precedentes, el único gran choque militar a gran escala entre dos potencias coloniales occidentales disputado en las mismas barbas del Imperio Chino. Corría el año 1622 para los portugueses en el asentamiento del sureste de China, ahí, y tras permiso de los mandarines Ming de Guangdong para establecer un asentamiento permanente y una base comercial, todo iba de perlas para los lusos, quienes aprovechaban las prohibiciones por ejemplo de comerciar este país asiático directamente con el Japón lo cual constituyó un lucrativo negocio, servir de intermediarios. Sin embargo, el éxito de los portugueses en esta perla del oriente despertó a más de alguno recelos, fue el caso de los holandeses y los ingleses, que también esperaban expandir sus imperios de ultramar. Como antecedentes directo Macao había tenido encuentros con los holandeses en 1601, 1603 y 1607, pero la invasión de 1622 representa el primer enfrentamiento mortal para tomar la ciudad por la fuerza. Detrás de esta agresión había una profunda frustración comercial. El puesto que los holandeses operaban en Hirado (Japón) simplemente no podía competir con las jugosas ganancias de los portugueses establecidos en Nagasaki, quienes gozaban de un acceso directo y privilegiado a las sedas del Imperio chino. La VOC calculaba que capturar Macao resolvería el problema de raíz: les daría su propia base en China y, de un solo golpe, arrebataría a Lisboa la lucrativa ruta Macao-Nagasaki.
Se narra de acuerdo con las crónicas el 22 de junio el experimentado como ambicioso almirante Cornelis Reijersen también llamado 'Reyerszoon' de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, envió a al menos tres hombres y un guía chino para entender si existían posibilidades que los aprox. 10,000 habitantes chinos permanecerían neutrales ante un eventual incursión neerlandés. Tras esto se supo los residentes huyeron del puerto. Fue así que Reijersen eligió a bordo de un bote donde desembarcarían sus tropas, eligiendo el este de la playa de Cacilhas al día siguiente. Como distracción tres barcos holandeses empezaron a disparar al sur de la fortaleza de São Franciso: en el que los barcos portugueses se salvaron porque se retiraron justo en la noche anterior. Sin embargo, para colmo de males de los portugues sus efectivos más aptos como los mejores cañones habían sido enviados con tropas del ejército Ming a combatir a Manchuria, al norte del país. Por lo que en teoría las tropas restantes en puerto estaban vulnerables. Tras una agobiante tarde de salvas de cañón e insultos cruzados —donde la prepotencia holandesa llegó al extremo de proferir atroces amenazas desde sus cubiertas, prometiendo la muerte de los hombres y el ultraje de las mujeres de la colonia—, las aguas del estuario recuperaron una calma aparente al caer la noche.
Las naves de la VOC se replegaron sin haber logrado causar una sola baja en las filas lusas, pero el silencio no llegó. Convencidos de que el amanecer les traería una victoria fácil, los neerlandeses transformaron la vigilia en una fiesta anticipada: el estruendo de los tambores y el agudo clamor de las trompetas resonaban desde los navíos, rompiendo la oscuridad con cánticos marciales y brindis de soberbia. Sin embargo, Macao no se dejó intimidar en el silencio. Desde lo alto de las murallas y los baluartes, los portugueses respondieron al desafío con su propio festejo desafiante.
Justo antes de la feroz batalla por la defensa de Macao los registros estiman que solo había 50 mosqueteros y 100 residentes capaces de portar armas. De esta manera la batalla dio inicio, en un primer movimiento los barcos holandeses Groeningen y Gallias reanudaron su ataque contra el São Francisco al amanecer del 24 de junio, día de la festividad de San Juan Bautista, donde los artilleros portugueses respondieron al fuego desde el bastión con tanta ferocidad que dejaron al Galias gravemente dañado el cual tuvo que ser hundido unas semanas después, entre tanto, al menos 800 soldados de las filas holandesas desembarcaban en el lugar con aprox. 32 lanchas anfibias equipadas con cañones de pequeño tamaño llamados Pedrero, también cinco barcazas y dos barcos de mayor tamaño con apoyo de artillería pesada. La sangrienta batalla estaba servida: dos horas de intenso combate dejaron las primeras bajas de ambos lados, por el lado del VOC 40 fueron abatidos y también fue herido el mismo Reyerszoon, mientras que del lado lusitano, resultaron muertos hasta seis ibéricos. Atrincherados en la playa bajo el mando de António Rodrigues Cavalhino Macao resistia. En el VOC el capitán Hans Ruffijn tomó el lugar de Reijersen (fuera de batalla), ordenando a sus aún cientos de soldados que avanzaran tomando las trincheras y retrociendo António Rodrigues Cavalhino...
Con la cabeza de playa firmemente bajo control, Ruffijn no perdió el tiempo: consolidó una retaguardia dejando dos compañías custodiando la orilla y se lanzó al interior con el grueso de sus fuerzas; la marcha hacia la ciudad se convirtió de inmediato en un constante y tenso intercambio de fuego, persiguiendo y chocando en escaramuzas con las tropas de Cavalhino que se batían en retirada.
Algo que no calcularon los sitiadores fue que una marea viva de resistencia aguardaba adentrados en la ciudad y camuflados en el monte, los holandeses marcharon hacia el centro de la ciudad de manera ordenada hasta llegar al campo de tiro de la Fortaleza do Monte, donde fueron sometidos a un intenso bombardeo por parte de un variado mosaico de milicianos, incluyendo soldados portugueses retirados del Estado de la India que se habían casado y establecido en Macao, comerciantes euroasiáticos y sus sirvientes domésticos, chinos locales y marineros, mercaderes españoles y cientos de esclavos africanos del Mozambique portugués.
El terreno hacia la Fortaleza do Monte no les daba tregua. Estaban expuestos en un campo de tiro abierto, recibiendo plomo desde las alturas por parte de francotiradores heterogéneos pero letales. El capitán Hans Ruffijn luchó hasta la muerte en medio de la trifulca; cuando murió las tropas neerlandesas entraron en pánico y huyeron. Los que pudieron llegar a los botes después serían acosados por los disparos del fuerte y sin más opciones la fuerza huyó de Macao.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Historias de Macao: El único gran choque de titanes occidentales en China

A principios del siglo XVII, el estuario del Río de las Perlas era el epicentro de una riqueza que desafiaba la imaginación. Macao, bajo el...