miércoles, 20 de mayo de 2026
Historias de Macao: André Pessoa y el asedio de los 3,000 samuráis (FINAL)
A la caotica preparación de huida del capitán luso André Pessoa y su tripulación, como narramos en el anterior episodio de esta saga, el Nossa Senhora, encontró sin embargo no estar preparada para navegar debido a la enorme carga que los comerciantes habían adquirido, por lo que el capitán mandó apresurar el estibamiento y montar guardia. Ésto no sin razón pues el portugues tenía conocimiento que el acecho de los nipones circundaba el aire; en esos momentos avisto la llegada de un mensajero donde se encontraban (en las costas de Nagasaki), el cual, le dijo a Pessoa que querían negociar con seda y que además estaba siendo requerido como mera formalidad para testificar por el incidente de Macao, China Ming, donde murieron una cincuentena de japoneses entre ellos samuráis.
La magnitud del desastre fue tal que enfureció al daimyō Arima Harunobu, el conflicto no fue una simple pelea de taberna; fue una auténtica batalla urbana en las calles de Macao en noviembre de 1608.
El lusitano a sabiendas que cerca se encontraban ya un contingente de 1,200 samuráis del clan Arima no le creyó, y ordenaría a toda la tripulación que acudiese al barco en calidad de emergencia. Algunos comerciantes le acusaron de haber causado complicaciones mientras que otros no pudieron llegar a puerto debido a los guardias japoneses en la zona (abordaron solo 50 europeos junto con varios esclavos negros y marinos indios o lascares).
Al caer la noche, una flota de juncos al mando de Arima se aproximó al Nossa Senhora, que tenía las luces apagadas en previsión del ataque. Los oficiales de Pessoa aconsejaron disparar primero, ya que los japoneses traían antorchas y eran blanco fácil para la artillería, pero se rechazó no queriendo iniciar las hostilidades: en el que se mandó a zarpar. Batalla: Los orientales por su parte tenían otros planes, así, los japoneses tiraron las primeras flechas y mosquetazos, a lo que el buque disparó dos andanas sucesivas, acompañadas de toques burlones de instrumentos musicales. Disuelta por los cañones, la flotilla retrocedió, pero el Nossa Senhora no pudo hacer lo mismo debido a que aquellos días había calma chicha y tuvo que echar ancla en Fukahori. La paciencia de Tokugawa Ieyasu se había agotado. Enfurecido por las constantes afrentas, el exshogun dictó una sentencia implacable: todo portugués en Nagasaki debía ser pasado a cuchillo, sin distinguir entre civiles y jesuitas. Sin embargo, el destino de la comunidad lusa se salvó por una mera cuestión de tiempo. Durante varios días los japoneses no se atrevían en atacar al sol, por lo que ejecutaron sus asaltos durante la noche con poco éxito; al ver que el barco parecía inexpugnable empezaron a pensar otras maneras de hacerse con él o destruirle.
Primero Arima Harunobu intentó enviando a dos samuráis disfrazados de mensajeros con órdenes de matar a Pessoa a costa de sus vidas, pero el plan fracaso porque los portugueses comprendieron la farsa y no subieron a bordo, en el segundo, se envío buzos para cortar el ancla de la nave pero este también resultaría infructuoso, al tercer día, Arima ofreció falsos rehenes para que la carraca volviera a puerto, pero Pessoa descubrió el engaño y contraatacó exigiendo a los hijos de los líderes nipones como garantía. Ante esto finalmente enviaron una flotilla de naves en llamas con intención de incendiar la carraca, pero las malas condiciones del viento les impidieron alcanzarla, a excepción de una de ellas, que rebotó contra su proa sin causar daños al momento.
El fin:
Así el bando samurái desvela su nueva arma una enorme torre de asedio flotante, construida sobre dos juncos y tan alta como la cubierta del barco, dentro de la cual se habían apostado 500 arqueros y arcabuceros bajo cortinas de cuero mojado contra incendios. De esta forma los atacantes buscaron acercarse sobre la popa, ya que los cañones occidentales estaban puestos en la proa. En un primer momento la torre se acercó peligrosamente aunque la resistencia lusitana no permitió más que pasar a un puñado de asaltantes, dos de los cuales fueron matados por el mismo Pessoa. También los tripulantes lanzaron granadas de mano contra las canoas del asalto el cual acabó con múltiples de las embarcaciones.
El destino de la batalla se selló tras seis horas de combate debido al fuego de la torre japonesa, cuando el disparo de un arcabucero impactó en una granada incendiaria que un luso se disponía a arrojar. El artefacto cayó y estalló sobre un depósito de pólvora, desatando una devastadora reacción en cadena que envolvió en llamas al Nossa Senhora da Graça. Acorralados en el castillo de proa, Pessoa y sus hombres se vieron superados; la mermada tripulación no bastaba para apagar el fuego y repeler el asalto simultáneamente. Decidido a perecer antes que rendirse, el capitán ordenó volar la santabárbara, pero ante la vacilación de sus subordinados, dejó las armas, rezó con un crucifijo y les permitió saltar al mar antes de destruir él mismo la carraca. La nave estalló dos veces, partiéndose en dos antes de hundirse con su cargamento, atacantes y su capitán. Los samuráis abatieron en el agua a los supervivientes que intentaban ganar la costa, extinguiendo a sangre y fuego las últimas vidas de una tripulación que prefirió la muerte antes que la capitulación.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Historias de Macao: André Pessoa y el asedio de los 3,000 samuráis (FINAL)
A la caotica preparación de huida del capitán luso André Pessoa y su tripulación, como narramos en el anterior episodio de esta saga, el Nos...
-
La última superluna del año, conocida tradicionalmente como la Luna Fría, iluminó esta noche el cielo y ofreció un espectáculo astronómico v...
-
Esta fascinante historia parte como el primer encuentro documentado entre soldados hechos y derechos nipones y sus partes occidentales, est...
-
A menudo pensamos en las grandes plagas como eventos caóticos y aleatorios, pero la historia nos dice lo contrario: se trata más bien de una...



No hay comentarios.:
Publicar un comentario